Ya os hablé de este grupo de marujas hace tiempo cuando una decía que en vacaciones comió
bieterguá y
nubes. Pues sigo encontrándomelas bastante a menudo y no cambian, siguen con sus gritos y sus tonterías, sin vergüenza de ser escuchadas por el resto de usuarios del tren.
Esta vez iban criticando a una de sus amigas, la cual por supuesto no estaba presente, y es que como todo el mundo sabe, es el mejor momento para poner a parir a alguien. El caso es que me he dado cuenta de que tienen una líder, la cual se abre camino en las conversaciones a hostias. Sí, como habéis oído, zurra a sus amigas para que la presten atención.
Pero antes de desvelar cómo lo hace, me apetece describirla un poco, aunque pienso ir al grano y es que el elemento definitorio de esta señora es su cabeza, tremenda molondra en la que podría instalarse el primer aeropuerto móvil del mundo. Es una cabeza de tipo alargado, y como parece que no es lo suficientemente grande, la tipa en cuestión se lo ahueca para darle más volumen y así ganar unos centímetros más de almendra. A mi que tenga un cabezón me tiene sin cuidado aunque su cuello y hombros me dan bastante lástima, sin embargo hay una cosa que me preocupa y es que un día el tren dé un frenazo y la señora termine con la cabeza impactando contra el respaldo del asiento, eso podría provocar el desplazamiento del tren en sentido contrario, desrecorriendo lo ya recorrido. Otras cosas no, pero esto podría provocar que la gente del tren se rebotara y la curtiera allí mismo.
La cabezona de pequeña a su madre:
Mamá, mamá, en el colegio me llaman cabezona.
¿Y por qué no les pegas?
Porque se meten por las calles más estrechas.En cualquier caso, a lo que iba, que la de la calabaza con pelo ahuecado zurra a sus amigas en vivo y en directo, con todo el mundo mirando. Suele dar manguzadas en la mano o en el brazo, pero no creáis que son de coña, no, suenan que da gusto. De todas formas sus amigas ya deben estar acostumbradas porque no se quejan, se limitan a escuchar la sarta de gilipolleces que suele decir, malmetiendo, eso sí, para dar un poco de emoción a sus vidas.