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sábado, 17 de abril de 2010

El mejor regalo que me han hecho


Seguro que muchos ante una pregunta así empiezan a darle vueltas a la cabeza, yendo y viniendo a través de un viaje al pasado, recordando momentos de sus vidas que guardan con especial cariño, dudarán entre más de un regalo: aquel fue fantástico, sí pero el regalo que me hizo Fulanito/a me dejó con la boca abierta, ain, no sé por cuál decidirme.

Sin embargo en mi caso, y afortunadamente para mí, tengo clara la respuesta: sin duda el mejor regalo es estar aquí, haber nacido del seno de mi señora madre y disfrutar de las tantas cosas buenas de la vida. Vale que a veces todos pensemos: ¡vaya mierda de vida!, y sí, probablemente podría ser mucho mejor, pero también podría ser mucho peor. Imaginémonos sino haber sido creados en un laboratorio con el único objetivo de realizar un trabajo concreto y específico en la sociedad, sin capacidad para pensar por uno mismo y llevando la vida más rutinaria que os podáis imaginar (idea explotada hasta la saciedad como argumento novelístico pero que por el camino que llevamos no sería descabellado pensar en acabar así).

Además no me digáis que esto de nacer no es el regalo más perfecto. De cualquier otro regalo disfrutas unos momentos, sin embargo si no hubieran nacido no habrías podido deleitarte con ese caramelo que te ofrecía tu abuelo, dar salto de alegría al ver esa bici que te regalaron a los diez años, o saborear el regalo diario que te ofrece esa persona a la que amas, aguantando tus paranoias y dándote ese apoyo que necesitas. Así que como de cualquier otro regalo, quitemos su envoltorio, abrámoslo todos los días, y dejemos que la bombillita de su interior ilumine hasta los días más grises.


Este post forma parte de un concursillo organizado este mes por Maitasun, el regalo para el ganador es elegir el tema del mes de mayo.

martes, 29 de diciembre de 2009

Adios 2.009. Hola 2.010


Creo que en lo que llevo de blog nunca he hecho un resumen del año que se va ni he he hecho una lista con los deseos o propósitos para el que entra, así que este post va a ser el primero de este tipo. A ver qué tal me sale.

Este año 2.009 me ha dejado 365 días más en mi vida y como en cualquier año ha habido de todo: cosas buenas, otras regulares y algunas malas.

Lo único que pido al 2.010 es que vuelva a vivir otros 365 días, todo lo demás ya es cosa mía y pondré todo de mi parte para que la mayoría de esos días estén repletos de buenos momentos y copitas de burbujeante felicidad.

Felices fiestas, muchos besos y que todos disfrutemos este próximo 2.010.

sábado, 13 de diciembre de 2008

En la oscuridad de la noche III (y última)


Pero esa leve sensación de seguridad no duró demasiado, lentamente y como por arte de magia la persiana de mi habitación comenzó a levantarse. Me pellizqué con fuerza el moflete derecho para asegurarme de que aquello no era una pesadilla, provocada por el sopor de una película del oeste en blanco y negro. Efectivamente aquello no era un sueño, y si lo era, estaba ante el más real de mi vida. La persiana subió hasta arriba, a través de la ventana pude ver la oscuridad, una oscuridad pura, ideal, no garabateada ni mancillada por ninguna luz, reflejo o sombra, sólo oscuridad, la perfección del negro mirándome a los ojos. No me gustó para nada aquella visión, así que cuando logré apartar la vista de las tinieblas volví a bajar la persiana hasta abajo. No llegaron a diez los segundos en los que me encontré de nuevo a salvo, la persiana comenzó nuevamente a subir.

La desesperación se estaba apoderando de mi interior, una bola de nervios procedente del estómago subía hacia el corazón, que comenzó a bombear con mayor rapidez y fuerza. Notaba como las articulaciones se llenaban de energía y aprovechándolas, junto a mi nula capacidad de control sobre el cerebro, abrí la ventana y comencé a dar puñetazos hacia el exterior. El resultado fue negativo, no conseguí impactar con nada sólido, ¿pero entonces, qué o quién estaba levantando mi persiana?, ¿cómo era capaz de hacerlo?, ¿había perdido la cabeza o acaso la imaginación se había apoderado del control de mi cuerpo? No sabía lo que estaba ocurriendo, no sabía qué hacer, ¿acaso podía hacer algo?

Entre estas interrogantes volví a bajar la persiana, obteniendo el mismo resultado que en las anteriores ocasiones. Seguro que esta vez pillaba a alguien ahí fuera, saqué mi tronco por la ventana dando puñetazos con toda la fuerza que podía, pero nada, sólo le daba guantazos al impenetrable aire. Volví a meterme hacia dentro, esperé unos segundos y pensando que cogería desprevenido al causante de toda aquella locura, me lié de nuevo a puñetazos con la nada. Aquello era frustrante, me senté en la cama, sudando y con el corazón a cien por hora, me llevé las manos a la cabeza y me puse a llorar, ¿cuánto duraría aquella pesadilla?, no podía aguantar mucho más, la cabeza me iba a reventar.

Pero aquella terrorífica noche me tenía guardada una última sorpresa, una extraña fuerza me estaba envolviendo, arropándome en un cálido manto de ingravidez. Me sentía a gusto, protegido, las pulsaciones fueron disminuyendo y hasta comencé a cerrar los ojos. Mientras, la misteriosa fuerza estaba llevándome en volandas hacia la abierta ventana, que me transportaría al reino de la oscuridad.

jueves, 11 de diciembre de 2008

En la oscuridad de la noche II


Estaba en estas cavilaciones cuando las interrumpió otro fuego artificial, igual de paupérrimo que el que vi anteriormente. Oye, y si en vez de fuegos artificiales fueran cohetes o misiles, aunque no esté muy al día en temas políticos creo que no teníamos ningún enemigo como para ser atacados. Al escuchar una nueva explosión, el miedo fue en aumento, tanto que mi mente, hasta ese momento con casi nula actividad, comenzó a buscar explicaciones de manera frenética. Seguía mirando al cielo, esperando nuevos fogonazos y estos no tardaron demasiado en llegar, de hecho cada vez se hacían más frecuentes. En ese momento podía ver hasta dos resplandores a la vez, presentía que algo estaba ocurriendo pero desconocía el qué.

La tensión iba en aumento cuando de repente las luces se apagaron, tanto las de las farolas como la luz de todas las casas del barrio, dejando todo a oscuras. Lo que no cesaban eran los estallidos allá en el cielo, aumentando la frecuencia a un ritmo desconcertante. En un momento en el que las explosiones se sucedían continuamente presencié ráfagas de luz que salían del suelo de la calle, como si hubiera allí ubicadas defensas antiaéreas. ¿Pero qué había en el cielo que representaba una amenaza? Yo por más que mirara, sólo veía las luces provocadas por los estallidos de los supuestos fuegos artificiales, aunque cada vez tenía más claro que se trataban de misiles o algún tipo de arma similar.

Llegado este punto, y viendo que ocurriera lo que ocurriera yo no podría hacer nada, pensé que lo mejor sería cerrar todas las ventanas y persianas de la casa. ¿Qué iba a adelantar bajando a la calle a ver de cerca de dónde salía la artillería o presenciar el espectáculo lumínico asomado a la terraza? Así fue como, ayudado por una vela, comencé cerrando las ventanas y persianas de la terraza para continuar por el resto de habitaciones, terminando por último por la mía. Cuando estaba en ello se hizo el silencio, un silencio denso y frío, en contrapunto con el tremendo ruido reinante hace tan solo unos segundos y el sofocante calor de aquel verano. Por si acaso, a pesar de cesar los estampidos, preferí bajar por completo la persiana de mi habitación. Pensado fríamente no creo que aquello sirviese de mucho, si una bomba fuera a parar a mi piso ni las ventanas ni las persianas cerradas serían un escudo suficientemente sólido como para salvarme de sufrir daños. En cualquier caso, yo me sentía un poco más seguro.

martes, 9 de diciembre de 2008

En la oscuridad de la noche I


La oscuridad se había apoderado de la ciudad, el silencio en la calle era inquietante, parecía extraño que ni si quiera los pasos de una persona rompieran aquel ambiente turbador. Mientras tanto, yo disfrutaba de una buena película del oeste sentado en mi cómodo y acogedor sillón, comprado recientemente a mitad de precio en una tienda que los estaba liquidando por cierre de negocio.

En cambio no podía decir lo mismo de la televisión, un cacharro que tardaba un buen rato en encenderse y que mientras se calentaba se apagaba constantemente. El protagonista de la película, un tal Jimmy, estaba pegando tiros hacia unas rocas, detrás de las cuales se encontraba el malo, un tío con barba cerrada y sombrero al más puro estilo del oeste. De repente escuché un disparo que sonó con una potencia tremenda, más que el disparo de una pistola parecía el estallido de un cañón. Joder - pensé – las dos hostias que le he arreado a la tele para que se encendiera han servido de algo, la he transformado en un home cinema. Pero al rato escuché otro boom, y en este caso no coincidió con un disparo de Jimmy ni del ladrón de barba cerrada. Empezaba a tener sueño y lo mismo mi pérdida de concentración me había jugado una mala pasada, o eso o ahora la dichosa tele emitía las imágenes antes que el sonido; eso sí, el sonido seguía siendo de lo más real.

A los pocos segundos escuché otro boom, esta vez ya con mis sentidos alerta, concluí que estas explosiones no procedían de mi vetusta televisión sino del exterior. Hacía calor y tenía abiertas las ventanas de par en par, también la puerta de la terraza, hacia la que salí para observar si se estaba produciendo algo extraño allí fuera. La calle seguía desierta, ni si quiera se veía pasar un coche, me quedé allí un buen rato esperando algún acontecimiento hasta que una deflagración en el cielo me hizo levantar la vista. Así que era eso: fuegos artificiales un tanto pobres. Bueno, más bien sólo uno que emitió una luz anaranjada al explotar, produciendo un efecto para nada espectacular. ¿Pero dónde sería fiesta?, que yo supiera en mi ciudad no podía ser y en los alrededores tampoco me sonaba. Quizás era un grupo de jóvenes que se habían hecho con un arsenal de fuegos artificiales y estaban quemando su artillería, con la excusa de celebrar el inminente matrimonio de alguno de ellos.

domingo, 7 de diciembre de 2008

Adelanto de un nuevo relato


Queramos o no nuestra escritura absorbe el estado de ánimo en el que nos encontramos, tanto en los temas como en la forma de escribir es complicado separarnos de las preocupaciones o sentimientos.

A mi modo de ver el mejor estado de ánimo para escribir es cuando estás triste, apenado o dolorido. El dolor del desamor es buenísimo para indagar en nuestro interior y sacar al exterior, en forma de texto, cosas profundas, bellas, sinceras y con un potencial lírico bestial. Evidentemente, todo esto no se podría hacer sin unas mínimas habilidades lingüísticas, pero por experiencia creo que estas sensaciones de pesadumbre te ayudan bastante a mejorarlas.

Los que lleváis un tiempo siguiendo este blog recordaréis aquellos posts de hace un año, o año y medio. No solían ser muy habituales porque mi casi nula capacidad mental y literaria me exigían cierto tiempo escribirlos, además de darles la vuelta una y otra vez hasta encontrar lo que buscaba. En cualquier caso, la chispa que originaba el fuego eran esos sentimientos negativos, a la larga creo que positivos porque aprendemos un montón de ellos.

Pero lo realmente difícil, al menos para mi, es ser capaz de escribir un relato de agobio interior, desesperación y muerte, con los sentimientos que rodean mi ser actualmente. Y es que con total seguridad, ahora mismo me encuentro en el mejor momento de mi vida: seguro de mi mismo y con un equilibrio mental casi perfecto. Y en cuanto al amor, muy enamorado de una señorita que me ha hecho subir mil millones de escalones en la torre de la felicidad. Pero como a esta torre no se le puede ver el fin, mi intención es ser cada día más feliz.

Y todo esto a qué viene - pensaréis -, como anunciaba antes he sido capaz de escribir un relato haciendo uso de sentimientos que no manejo desde hace tiempo. Y es que, al menos a mi, no me había ocurrido nunca; jamás he sido capaz de escribir algo que no sintiera en ese momento. No sé si esto significará algo, pero me siento bastante orgulloso de ello.

En los próximos días podréis leer el relato, dividido en tres partes porque es un poquillo largo. Además quería aprovechar para dedicárselo a una amiga bloguera, tanto es así que lleva por título el nombre de su blog: En la oscuridad de la noche.

miércoles, 30 de abril de 2008

El corazón de la montaña

- ¿Aquí es donde ibas a traerme?
- Efectivamente, ¿no te gusta?
- Bueno es una pared de piedra bastante bonita pero…, no sé, como me dijistes que me ibas a enseñar un lugar muy especial…
- Y tanto que es especial, es mi rinconcito en el mundo, un espacio en en el que realmente me siento tal y como soy, puedo hacer lo que quiera, volar, cantar, reir, llorar, y todo ello sin pensar en el que dirán.
- Suena fantástico cariño pero dónde está ese sitio, yo sólo veo la pared de una montaña bastante alta.
- Efectivamente es una montaña, pero…, ¿y si pudieramos llegar al corazón de esta montaña?
- ¿Cómo?
- Ven, dame la mano, cierra los ojos y confía en mi.

Así fue como traspasamos la montaña y llegamos al corazón de la misma, al abrir los ojos María vió un mundo lleno de vivos colores, con una luz que atravesaba la piel produciendo una sensación de calidez muy agradable. El cielo era de color aguamarina y todo estaba cubierto por una alfombra de hierba fresca. Una vez los ojos de María se habían adaptado a aquel universo de ilusión, la llevé a un sitio que había descubierto hacía unas semanas. Era un explanada aparentemente normal, cubierta de un tupido césped verde pero con una peculiaridad: si saltabas sobre el suelo salías despedido hacia arriba, como si brincaras sobre una colchoneta a lo bestia.

Saltamos y saltamos atravesando las nubes, los dos al unísono, riendo como lo venimos haciendo desde que nos conocimos, disfrutando con cada momento en el que nuestras manos están unidas, mirándonos a unos ojos invadidos por luciérnagas. Era fantástico estar en las nubes, con aquel hermoso fondo aguamarina, viendo como pájaros de seda vuelan libremente, sólo molestados por aviones de papel cargados de lágrimas de luna. Y no es que la luna esté triste, no, todo lo contrario, está alegre porque por fin después de mucho tiempo puede estar junto a su sol. Los aviones, pilotados por mariquitas, sueltan el agua en unos estanques en los que viven peces de papel de aluminio, los cuales se asoman para verte pasar deseándote los buenos días con pompas de oro que salen del agua y suben hasta el cielo. Finalmente terminamos exhaustos del ejercicio físico, así que decidimos descansar un rato en una nube de algodón desde donde podíamos vislumbrar todo aquél lugar:

- ¿Cuánto tiempo llevará esto aquí?
- Supongo que desde el inicio de la vida.
- Es raro que aún siga así de espléndido con la cantidad de gente mala que hay, si llegaran a descubrir este lugar seguramente acabarían con él.
- Eso es imposible mi vida, este rinconcito que te acabo de descubrir es indestructible. ¿Ves aquel árbol de allí, el que tiene el pajarito cantando sobre su copa?
- Sí.
- Antes de ser árbol era una persona que por casualidad encontró este lugar en medio del tiempo y el espacio, pero su corazón era negro, lleno de odio y rencor. Al entrar aquí su cuerpo mutó en una bola de plastilina marrón de la que surgió un espléndido árbol, y tras las primeras lluvias brotaron de él hojas verde oliva que atrajeron hacia si a un sinfín de pajarillos multicolor, que con sus trinos hacen aún más agradable pasear por su lado.
- Esto es fantástico.
- Es fantástico pero hay un pero.
- ¿Cuál?
- El único inconveniente es que no podemos pasar aquí más de dos horas seguidas, sino también nosotros mutaríamos y no podríamos salir jamás. Y como queda poco para que se cumplan esas dos horas, ¿qué te parece si bajamos de esta esponjosa nube y volvemos a nuestra realidad?
- Está bien.

Así fue como bajamos de la nube por medio de un arcoiris mientras disfrutábamos de las ilusiones de color provocadas por la luz al irrumpir en las pompas de los pececillos. Una vez en tierra firme, volvimos a traspasar la pared de roca para dar por finalizado aquel viaje. A pesar del miedo de mostrar aquel mundo a María resultó ser la mejor decisión tomada desde hace mucho tiempo.

- ¿Y este mundo cómo lo descubristes? – me preguntó María.
- Por casualidad, como todo en mi vida, pero creo que cada persona a lo largo de su existencia descubrirá su mundo.
- No sé si esa afirmación se cumplirá en mi caso.
- Quizás lo acabas de descubrir hace tan solo un momento, puede que tu mundo sea el mismo que el mío...

martes, 1 de abril de 2008

Quizás se puedan tocar las estrellas

Brillaba a una distancia inalcanzable, ni con la escalera más grande del mundo era posible llegar a ella, sin duda lo único que podía hacer era contemplarla cada noche, siempre y cuando las nubes se lo permitieran.

Es lo que tiene enamorarse de una estrella, puedes disfrutar de ella sólo con la vista y encima la tienes a años luz, además con nuestros limitados ojos no podemos admirar ni la mitad de su hermosura. Pero a él no le importaba, estaba enamorado de aquel punto luminoso y noche tras noche salía a mirar a su estrella reflejada en el agua de un lago cercano a su casa. Al verla en el agua la sentía más cercana, pero a pesar de ello no podía tocarla, el fantasma de un amor imposible rondaba sobre su mente.

Sin embargo una noche camino al lago se cruzó con una chica, su belleza era deslumbrante, su rostro de una blancura marmórea, la luz de sus ojos era de una potencia tremenda y su pelo aúreo era una muestra irrefutable del valor que tenía aquél ser divino. ¿Y si las estrellas que vemos en el cielo no son más que el reflejo en un espejo infinito de la luz que proyectan algunas personas?

jueves, 27 de marzo de 2008

El meme del polígrafo

Lara me ha pasado un meme repleto de preguntitas, algunas de ellas un poco raras pero que de igual manera contesto porque como sabéis yo también soy un poco raro.

-Diga su nombre en voz alta: Chasky.
-Diga el nombre de su blog en voz alta: Chasky's friki blog

Responda sólo con si o no:
-¿Está enamorado? Sí.
-¿Seguro? Ya te digo, esto, sí (ya se me había olvidado que sólo puedo decir sí o no).
-¿Él lo sabe? Sí (en este caso ella).
-¿Podría usted mejorar la situación? Siempre se puede mejorar y por ello lucho diariamente, por tanto, sí.
-¿Empeorarla? También se pueden empeorar las cosas, así que sí.
-¿Cree que su blog es mejor que la media? No, por culpa de mi blog se baja la media. Y ya me estoy cansando de responder sólo sí o no así que a partir de esta pregunta contestaré lo que me dé la gana.
-¿Tiene pensado mejorarlo? Mi única neurona no me da para pensar en estas cosas, sólo escribo lo que me apetece, no busco mejorar nada, sólo disfrutar escribiendo lo que quiero.
-¿Funcionará? Esta pregunta creo que sobra con la respuesta dada anteriormente.
-¿Responde a sus comentarios? Me gustaría responder a cada uno de los comentarios que me hacéis pero es que últimamente no tengo nada de tiempo, una de las cosas que me encantaría es poder comprar un kilo o dos de tiempo en el mercado de mi barrio.
-¿Se la ha medido alguna vez? No sé a qué se refiere esta pregunta, ¿que si me he medido qué?, ¿la cabeza?, ¿la oreja?, ¿la pichurrilla? La respuesta a las tres preguntas es sí.
-¿Sabe tirarse de cabeza al agua? Sí, pero se me ponen los ojos coloradotes y me escuecen luego un montón durante todo el día, así que prefiero no hacerlo.
-¿Sabe cocinar? Depende a lo que se le llame cocinar, lo que tengo claro es que no me moriría de hambre.
-¿Se cree guay? Para nada, soy más bien antiguay, detesto a los guays y más aún a los que van de guays.
-¿Matarías a alguien? ¿Quién sabe? Todo dependería de lo extrema que fuera la situación.
-¿Por diversión? Ni de coña, por diversión prefiero hacer otras cosas.
-¿Morirías por alguien? También dependería de la situación pero por amor haría muchas locuras.
-¿Cerraría el blog sin dar explicación alguna? No pienso en estas cosas, creo que o me cierran el blog o esto no tiene fecha de caducidad.
-¿Cree que el blog ha aportado algo en su vida? Pues claro, forma parte de mi vida y me ha ayudado en muchos momentos a aclarar mis ideas y pasar buenos ratos escribiendo y leyendo vuestros blogs.
-¿Y usted a la de sus lectores? Ni idea.
-¿Su animal favorito es el lagarto? Claro que sí, ¿cómo lo has sabido cuestionario adivino?.
-¿Ha comido lagarto alguna vez? Ya te digo, si es mi animal favorito lo es en todos los sentidos, los platos de lagarto son una exquisitez. Bien churruscadito está riquísimo y se pueden comer hasta los huesos.
-¿Tiene alguna pasión oculta? Relajarme al llegar a casa y sacarme mocos con el dedo índice sin que nadie me moleste (esto es en serio, no vayáis a pensar que lo digo de coña).
-¿Y alguna virtud, algo que se le dé bien? La respuesta de la anterior pregunta se me da muy bien, no es por presumir pero tengo unos dedos muy precisos.
-¿La ha utilizado para ligar? Aún no pero sería un buen método entrar a una moza y decirla por ejemplo: "Hola zagala, he visto que tienes un moco en la nariz, ¿quieres que te lo saque?".
-¿Cree en algún dios? No creo en ningún dios y si existe lo tenemos cada uno de nosotros en nuestro interior.
-¿Utiliza linux y lo recomienda porque si? Pues no lo utilizo así que no me veo con capacidad moral como para recomendarlo.
-¿Alguna vez has viajado atrás en el tiempo al escuchar una canción? Contínuamente, sobre todo porque mucha música de la que escucho sonaba hace unos cuantos años.
-¿Has dudado al contestar alguna pregunta? ¿Esto es una pregunta o es para meter relleno?.
- ¿Por qué el coyote nunca alcanza al correcaminos? Porque son dibujos animados, si ocurriera en la realidad el coyote ya se habría comido tantos correcaminos que estaría harto de ellos.
-¿Se te ocurre alguna otra pregunta más? Pues no estoy yo ahora para muchas preguntitas pero voy a hacer una:

- ¿Por qué Tarzán no tiene barba? Es algo que siempre me he preguntado porque que yo sepa los monos no utilizan las maquinillas y en la selva es difícil encontrar una tienda que te las venda por un puñado de plátanos.


Ahora se supone que tengo que reenviar este meme a amiguitos, y esta vez le va a tocar hacerlo a Aiyana, Chiripitiflautica y Alana . En cuanto a mi última pregunta, aunque no tengo ni idea de si este meme va así, supongo que tendréis que ponerla en penúltimo lugar y poner la última pregunta esta: "¿se te ocurre alguna otra pregunta más?". Pero es una suposición, cada cual que haga lo que le plazca que bastante será si hacéis el meme.

lunes, 11 de febrero de 2008

Potorro y los siete trabubus (IV)

Unos días después de diseñar el malvado plan, la bruja disfrazada con una careta de Karmele, hizo presencia en la casa de los trabubus, que en aquel momento no se encontraban en casa. Se apoyó en el alféizar de la ventana interrumpiendo el sueño de Potorro quien por la noche no había pegado ojo, ya que había estado de guateque con los pequeñines:

- Buenos días querida, soy una pobre anciana que voy a casa de mi hija al otro extremo de la playa y me pregunto si me podrías dar un vasito de agua – dijo la perversa señora.

- Claro que sí mujer – dijo Potorro –, quien se dirigió al lavabo a recoger el agua.

- Muchas gracias, el agua está muy rica y por ser tan maja me gustaría hacerte un regalo – dijo la bruja mientras le daba una estupenda y reluciente manzana.

En estos momentos Potorro tuvo un déjà vie, aquello ya le había pasado antes aunque no estaba del todo segura, quizás lo había leído en un libro. En cualquier caso dudó de aquella señora un tanto sospechosa.

- Uyyy muchas gracias. Voy a lavarla un poquito y con mucho gusto me la comeré, que me ha entrado regomeyo – dijo Potorro ocultando el plan que tenía pensado, no fuera que aquella viejuna fuera su madrastra como ocurría en un cuento que le contaban de pequeña.

- Muy bien muchacha, verás que dulce que es.

Potorro entró en el cuarto de baño a lavar la fruta seguida por Aberración, el perro cojo y tuerto de los trabubus, el cual se comía cualquier cosa. Potorro abrió el grifo, la lavó, y en vez de morderla lo que hizo fue dársela a Aberración para que la probara primero. A los dos segundos el pobre animal cayó desplomado, los presagios de nuestra guapa protagonista se habían cumplido y pudo comprobar que en la manzana había un diminuto cacharro; sin duda se trataba del extractor de esencias, y por tanto aquella señora era su madrastra. Ahora sólo quedaba rematar el plan y esperar que se lo tragara todo, así que Potorro salió del baño ocultando el lado de la manzana mordida y tras simular darle un bocado cayó sobre el sofá. La madrastra mordió el anzuelo y toda ilusionada cogió la manzana, se la guardó en el bolso y salió pitando de allí.

Al llegar a palacio el Doctor Alpargata le preparó la fragancia usando la esencia que había en la manzana. Y como podéis prever las consecuencias fueron nefastas para la bruja piruja, en vez de obtener belleza y salud sexual consiguió pelo por todo el cuerpo, una notable cojera y un ojo mirando a Cuenca. Esto fue al principio porque al poco tiempo notó un aumento de su deseo sexual, pero sólo hacia los animales y más concretamente hacia los perros, era el inicio de una inevitable transformación perruna. Pobrecita.

En cambio Potorro había decidido quedarse a vivir con los trabubus, quienes lloraron mucho la pérdida de su perro Aberración, pero en seguida suplieron su ausencia con otro que se encontraron perdido en medio del bosque. A Potorro no le gustaba nada la mirada de aquel chucho pero era tan feliz que nada la preocupaba, la complicidad con los seres multicolor era absoluta disfrutando diariamente de una estupenda y saludable ración de sexo.

Potorro y los siete trabubus jugando a los médicos


Os preguntaréis si en esta historia no hay príncipe, pues no, no lo hay, mejor los siete trabubus que un príncipe, que no me gustan nada.

sábado, 9 de febrero de 2008

Potorro y los siete trabubus (III)

Pero ante la insistencia de todos por llevarla a casa, Macaco tuvo que ceder aunque se negó a portar a aquella moza. Ya en la pequeña casa, y después de llenar las barrigas, se ocuparon de Potorro, le vendaron el tobillo y alguno más atrevido le hizo el boca a boca antes de que despertara. En seguida con la buena temperatura de la casa la princesa abrió los ojos, dando un tremendo salto al ver a aquellos seres rodeándola.

- ¿Dónde estoy, he sido abducida, quiénes sois vosotros? – preguntó Potorro notablemente nerviosa.

- Tranquila, no tienes nada que temer, tómate este caldo calentito calentito mientras te contamos quiénes somos – habló el que era de color rojo.

- Nosotros somos trabubus, seres pequeños pero con un corazón muy grande, alegres, nos gusta el reguetón, los porros y los bocatas de tortilla. Como verás – continuó el que era de color gris – cada uno somos de un color distinto: el de color verde lechuga se llama Caracol, el de color negro es Baúl (le pusieron Raúl pero se equivocaron los del DNI y confundieron la “R” por una “B”), el rojo es Antropófago, el azul Comeflores, el blanco Macaco, el amarillo Esfínter y yo, de color gris, soy Cianoacrilato, aunque me puedes llamar Ciano. Ahhh y el perro se llama Aberración, como ves no es muy guapo con su pelo estropajo, la cojera y el ojo vago pero es muy cariñoso.

- ¡Qué pequeñitos y monos que sois!, ¿y a qué os dedicáis? – preguntó Potorro, bastante más tranquila.

- Nosotros no trabajamos, aunque por placer participamos en despedidas de solteras, fiestas, salas nocturnas y alguna que otra película – respondió Baúl.

- ¿Sois actores? – dijo la única mujer de la casa.

- Pues no, pero se puede decir que no somos muy altos porque hemos desarrollado otra parte de nuestro cuerpo, algunos incluso nos llaman trabucos en vez de trabubus – respondió Caracol.

Caracol en una de sus actuaciones

- Ya está bien de preguntas, vámonos a dormir que estoy muy cansado – dijo Macaco, que era un poco vinagre.

Y así fue como todos se fueron a dormir a la cama, pero no a varias camas sino a la cama porque sólo había una enorme en una habitación. – Esta parte del cuento la dejo en el aire y que cada uno piense lo que quiera pero seguramente los mal pensados acertarán –, el caso es que Potorro se levantó con una amplia sonrisa.

Pero mientras Potorro disfrutaba con las “habilidades” de los pequeños entes de colores había una persona que se subía por las paredes: la Bruja Almorrana, que no podía creer que aquel funcionario no fuera capaz de hacer un trabajo tan sencillo. Estaba claro que no podía confiar en nadie, así que mandó a dos espías averiguar si Potorro seguía viva, y si así era, su paradero. En dos días estos volvieron con buenas noticias, la joven princesa se encontraba en una diminuta casita al lado del mar, ocupada por pequeños seres. "Excelente" – dijo la arpía –, y de inmediato hizo llamar al inventor oficial del reino para que ocultara el aparato extractor de esencias en una manzana, de manera que se pusiera en funcionamiento cuando Potorro le diese un bocado a la fruta.

miércoles, 6 de febrero de 2008

Potorro y los siete trabubus (II)

¿Pero dónde estaba Potorro en aquellos momentos? Había tenido suerte de que Charly le contara a su compañero de futbolín el trabajito que le había mandado la bruja, y este era uno de los tantos amantes de Potorro, así que le marujeó todo. Potorro no tenía otra alternativa que huir de allí ahora que conocía las intenciones de su madrastra, y más sabiendo su falta de escrúpulos para robarle su esencia. Así que eso fue lo que hizo, cogió una mochila cargada de bocatas de nocilla, se abrigó bien y se puso sus manoplas rosas porque aquel invierno estaba siendo muy duro, había nieve en la copa de los árboles y soplaba un viento que helaba los corazones. Mientras se internaba en el bosque cercano a palacio la nostalgia comenzó a apoderarse de ella, era posible que jamás volviera a pisar aquel lugar, de hecho existía la posibilidad de morir congelada o devorada por algún bicho aquél mismo día.

Así pues, Potorro se internó en el bosque sin dirección fija, ya encontraría algún sitio donde pasar la noche, al principio estaba nerviosa, caminaba aceleradamente pero en seguida pilló ritmo y dejó volar su imaginación, espilbergueando como sólo ella sabe hacerlo. De repente se encontraba en el centro de una habitación, rodeada por un montón de mozos desnuditos, los cuales la estaban haciendo pasar un buen rato; pero cuando se encontraba a punto de tener un orgasmo sintió como perdía el equilibrio desplomándose sobre el frío suelo del bosque. Como consecuencia de aquella caída Potorro se había lastimado un pie, un tremendo contratiempo puesto que no sabía dónde se encontraba y ahora la posibilidad de encontrar algún sitio donde pasar la noche sería menor.

Los animales del bosque se partían el culo de ella. Fijaros, ella llorando y los bichos riendo.

Sin embargo escuchó algo así como una canción, parecía ser cantada por un grupo numeroso, agudizó el oído y oyó algo como esto:

Mami llegó tu tigre
El inconfundible
Tu amor secreto
El incorregible
El que cambia, tu lado sensible
Por el animal y haces que vibre

Estaba claro, por allí pasaba alguien, en realidad era un grupo de amigos que volvían a casa después de una dura jornada laboral. Potorro comenzó a gritar gastando las últimas fuerzas que la quedaban:

- ¡¡¡Necesito ayuda!!! ¿Pueden ayudarme, me he torcido un tobillo? ¡Por favor! – gritaba la chavala.

Aquellos seres misteriosos del bosque escucharon los gritos de auxilio y después de hablar entre ellos decidieron averiguar de quién provenía aquellos chillidos, a pesar de las ganas que tenían de llegar a casa. Al lado de un árbol encontraron desmayada a una hermosa joven, estaba de buen ver, con una blanca y tersa piel, además de unas teticas y un culito muy ricos.

Tatuaje muy bonito de los primos de los trabubus saliendo de la mina

- ¿Qué hacemos con ella? – dijo uno de los siete personajes.

- No podemos dejarla aquí porque seguro que no dura mucho, tendremos que llevárnosla a casa – propuso otro.

- Yo creo que sólo nos traerá problemas, dejémosla aquí como si nunca hubiéramos visto nada – señaló Macaco, que era un poco refunfuñón.

lunes, 4 de febrero de 2008

Potorro y los siete trabubus (I)

Potorro era una hermosa joven, con un magnífico lomo que alimentaba generosamente cuando tenía regomeyo, disfrutaba de una salud de hierro y diariamente echaba unas partiditas a su juego favorito: el sexo. Quizás esta era la razón principal de su felicidad y de ir a todos lados con una sonrisa de oreja a oreja.

Pero aunque Potorro era una persona muy querida en el reino tenía en su madrastra a la peor enemiga. La madrastra era una bruja, en este caso no de esas con grano y verruga en la punta de la nariz, pero sí mala malísima y con una tremenda mala leche, que en parte podría proceder de sus dolores intestinales y las incómodas almorranas alojadas en su majestuoso ojete. No era fácil convivir con estos contratiempos aunque lo que más detestaba eran sus problemas sexuales. Por mucho morbo que le diera su marido, el Rey Paquirrín I, no disfrutaba del acto; de hecho había probado con los tíos más cachas de la zona pero nada de nada, sólo tenía polvos etéreos.

Es por ello por lo que la Bruja Almorrana, como la conocían los súbditos cabroncetes, hizo llamar al mejor médico conocido: el Doctor Alpargata. Éste después de hacerle un electrocardiograma y una analítica completa de los mocos, le recetó una caja de grageas. La bruja hizo comprar inmediatamente el medicamento en los ultramarinos de la esquina, pero a pesar de tomar tres pastillas al día durante dos semanas no experimentó ninguna mejoría. Sus quiquis seguían siendo igual de insulsos y lo único que notaba es que su paciencia estaba llegando al límite, así que hizo llamar de nuevo al Doctor Alpargata:

La bruja devolviendo las pastillas al Doctor

- Las pastillas que me distes son una puta mierda, creo que como castigo te voy a cortar el frenillo – le amenazó la bruja averiá al matasanos.

- No por favor – espetó el médico –, para mi curarla de su enfermedad es un reto, por ello acabo de descubrir un método infalible para resucitar el gustirrinín cuando haga el amor. El invento en cuestión es una fragancia compuesta por un montón de ingredientes como la canela, la cerveza o las alas de murciélago; como verá son componentes más o menos sencillos de conseguir, sin embargo hay uno, el más importante, que no es tan fácil de hallar: la esencia de una mujer multifuncional, perdón, multiorgásmica.

- Multiorgásmica ehhhh, creo que tengo en mente una persona con esa característica – murmuró la bruja con cara de malvada.

Evidentemente esa persona no era otra que Potorro, así que hizo llamar a un funcionario para que extrajera la esencia de su hijastra. Éste estaba bastante estresado últimamente, ya que en abril se celebraba el campeonato de futbolín para funcionarios y aún no había alcanzado la forma que necesitaba para hacer un papel digno, así que procrastinó el recado que la reina le había encomendado. Menos mal que se acordó a la semana porque la bruja ya estaba comenzando a perder la paciencia, de hecho estuvo pensando qué parte del cuerpo iba a quitarle. Así fue como Charly el funcionario se dirigió a la habitación de Potorro a extraer su esencia con un aparatejo bastante caro, de hecho solo el multiplexor que llevaba incorporado costaba mucho más que su vida. Fue pululando por los pasillos en silencio hasta que llegó a la habitación de Potorro, se escuchaba un susurro en el interior, se asomó rápidamente apuntando con su aparato chupaesencia pero misteriosamente no había nadie, lo que había oído era el fuerte viento que había fuera. Le entró un sudor frío, no podía ser que la princesa no estuviera durmiendo, o jugando a los médicos a esas horas. Se le iba a caer el pelo.

domingo, 3 de febrero de 2008

Vuestras palabras en un cuento

Por fin, después de dos meses de creación (más bien de falta de tiempo y desidia para ponerme con ello) váis a poder ver en un cuento aquellas palabras que me dijisteis. Estas palabras las veréis marcadas en azul y subrayadas, sólo espero no haberme dejado ninguna.

Como comprenderéis no ha sido sencillo utilizar en un mismo relato palabras tan diversas, pero creo que el resultado es bastante digno. Además como muchos ya conocéis mi gusto por los cuentos he decidido escribir mi propia versión de uno muy famoso, con el magnífico toque de cada uno de vosotros.

El relato lo publicaré en cuatro partes, pero lo que sí quería es daros las gracias por vuestra colaboración y espero que os guste. Mañana podréis leer la primera parte de Potorro y los siete trabubus.

domingo, 16 de diciembre de 2007

Una estrella cinco estrellas

Ella era una hermosa estrella, la más brillante de toda la galaxia, tanto que se podía sentir su brillo allí donde ningún otro haz luminoso era capaz de llegar. Su belleza era sobrenatural, su luz era venerada, sin duda debía ser una diosa, una diosa con el poder de alumbrar los corazones de un buen puñado de planetas.

Pero entre todos estos planetas había uno que sólo tenía ojos para ella. Había épocas en las que lo llevaba mejor, pero normalmente sufría bastante puesto que apenas sentía los rayos de su amada sobre su superficie. Sin embargo existían momentos en los cuales podía percibirla más cercana, tanto que una fortísima sensación se apoderaba de él, aunque era un querer y no poder. Tan cerca que sentía su calor y tan lejos que no la podía tocar.

¿Qué podía hacer este minúsculo planeta? Quizás lo mejor sería olvidarse de aquella maravillosa estrella, demasiadas fuerzas invisibles le separaban de ella. Pero cuando estas ideas habían comenzado a asentarse en su núcleo notó que ya no estaba tan lejos como recordaba, aquellos millones de años luz se habían reducido a unos pocos. Ahora sentía su superficie hirviendo, el calor era insoportable, tanto que estaba a punto de explotar. Finalmente llegó el día esperado, un leve roce desencadenó una tormenta, una tremenda explosión cubrió el universo de partículas de deseo. Aquella espectacular colisión fue el germen de un nuevo ente espacial, un planeta compuesto por la materia proveniente de una hermosa estrella y de un planeta que ahora se sentía el más feliz del mundo pegado para siempre a su amada.


Este post tiene una dedicatoria muy especial, la semana pasada una amiga y un amigo se han liado entre ellos, espero que les dure mucho porque les quiero mogollón a ambos.

domingo, 9 de diciembre de 2007

Vuestras palabras

Estas son las bonitas palabras que voy a intentar que aparezcan en un relato:

Nieve - Procrastinar - Ultramarinos - Equilibrio - Electrocardiograma - Nostalgia - Bruja - Misterio - Multiplexor - Viento - Susurro - Felicidad - Silencio - Sonrisa - Sexo - Caracol - Marujear - Descubrir - Pulular - Baúl - Funcionario - Resucitar - Potorro - Futbolín - Invierno - Almorrana - Abril - Déjà vie - Cianoacrilato - Etéreo - Intestino - Murciélago - Reto - Cerveza - Antropófago - Comeflores - Ojete - Consecuencia - Morbo - Alpargata - Multifuncional - Regomeyo - Mar - Complicidad - Manopla - Frenillo - Canela - Macaco - Trabubus - Gragea - Espilberguear - Lechuga - Alféizar - Esfínter - Fragancia - Aberración - Lomo - Moco.

Si echáis en falta alguna palabra que hayáis puesto decídmelo porque con tantas lo mismo me he comido alguna. En total han sido 56 palabras, gracias a todos los que habéis participado, ahora me toca a mi recompensaros; intentaré escribir el relato lo antes posible pero creo que necesitaré un margen bastante amplio porque alguno os habéis pasado un pelín escogiendo vuestra palabrita.

Por cierto habéis repetido Susurro y Bruja.

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Mentaltranformación (IV)

Uffff vaya con los efectos de la pastilla rosa, el más inmediato es que me desperté con semen en los calzoncillos pero el segundo y más importante es que me sentía radiante, feliz y con ganas de disfrutar de la vida. Así que para qué perder más tiempo, vamos a tomarnos la última pastilla y ver qué pasa.

Abrí la caja fuerte, allí estaba la pastillita azul, toc toc, la di suavemente con los dedos, ¿hay alguien ahí? – pregunté para ver si me respondía el ser que seguramente habitaba en su interior. Vaya, parece que no me dice nada, bueno, a pesar de eso me la tomaré, sin embargo cuando estaba a punto de metérmela en la boca escuché un grito:

- ¿Pero qué haces zopenco?
- Pues meterte en mi boca para pasármelo bien – respondí a la píldora azul.
- Joder macho, pero tómatelo con calma que te vas a volver drogadicto, además quién te ha dicho que me tienes que tomar por la boca, listillo.
- ¿Por dónde voy a tomarte si no?
- ¿Por dónde crees tú si no es por la boca? – me preguntó la pastillita.
- ¿No me jodas que por…?
- ¿A ver si no por dónde te voy a joder?
- Con lo poco que me gustan a mi los supositorios.
- A mi tampoco te creas que me hace mucha gracia meterme por el ojete de la gente así que no te quejes.

Al final decidí meterme aquella pastilla azul por el culo, hay que decir que entró rápidamente, tan rápido que a los poco segundos, antes de que me pudiera abrochar el cinturón, observé que éste me estaba hablando.

- Hola Peter, ¿cómo esssstasss? – me dijo el cinturón prolongando las eses.
- Pos bien, ¿dónde me vas a llevar tú?, bueno da igual donde sea, seguro que nos lo pasamos en grande – dije animado esperando tener una experiencia fantástica.
- ¿Ein, yo qué ssssé dónde te voy a llevar, a mi que me cuentasssss?
- Jope, pues vaya mierda de pastilla.
- Bueno tranquilo, ssssi quieressss podemossss ir a dar una vuelta a la manzana.
- Vaya rollo – dije desanimado.
- Podemossss ir cantando.

Y así es como la serpiente Ramona se puso a cantar mientras paseábamos bajo un sol radiante:

Son 80 días son
80 nada más,
para dar la vuelta al mundo...

En esto que nos encontramos con un boquete en medio del camino, me asomé a ver el fondo y estuve a punto de perder una oreja, una enorme piraña con unos dientes que no le cabían en la boca me rozó.

- La hostia Ramona, el socavón está lleno de pirañas y parece que están hambrientas, yo no paso por aquí – le dije al cinturón.
- ¿Pero cómo no vasss a passsar con las patasss tan largasss que tienesss?, mira sssi paso yo que no tengo patasss tú tienesss que passsar también.
- No sé, no me acabas de convencer, morir devorado por esos peces no debe ser nada agradable – le respondí acojonado.
- Ten confianza en ti mismo, te digo que puedesss hacerlo, coge carrerilla y sssin mirar abajo sssalta con todas las ganasss del mundo. Fíjate sssi creo en ti que me voy a abrochar a tu cintura y asssí me llevasss un rato que esto de ir arrassstrándossse todo el rato cansssa.

Total es un sueño – pensé, no creo que me pase nada si me caigo al agujero, aún así haré todo lo posible por llegar al otro lado. Y corriendo hasta alcanzar la máxima velocidad que podía salté al llegar al borde, volaba, volaba, volaba, tanto volé que me sobraron 3 metros.

- Oye por qué no vamosss a tomarnosss una cervecita fresssquita, conozco un bar aquí cerca que essstá muy bien – me dijo Ramona.
- Por mi bien – respondí a la proposición.
- Pero hay un problema, tenemosss que passsar por el camino de los ojosss en el cogote.
- Joder, solo el nombre ya da cague.
- No passsa nada, el único problema esss que a los ladosss hay árbolesss y en ellosss ssse encuentran unasss criaturasss misteriosasss, la leyenda cuenta que la gente que losss ha mirado no ha vivido para contarlo transssformándossse en croquetasss.
- Entonces hay que pasar sin mirar, ¿no?
- Essso esss, y a ver sssi hay sssuerte y nosss encontramosss unas croquetitasss por el camino y asssí tenemosss un rico aperitivo para las cañejasss.

Unos minutos después y pensando cómo haría el cinturón serpiente para tomarse la caña llegamos al inicio del camino, daba un poco de miedo pero una sensación de optimismo y seguridad se había despertado en mi interior. No tenía temor a nada, llegaría al otro extremo del camino sin problema, si había superado el obstáculo de las pirañas esto sería pan comido. Aunque tampoco fue pan comido, a los pocos segundos de internarnos entre los árboles noté una presión asfixiante, sentía como cada vez me hacía más torpe, un montón de miradas posadas en mi y yo sólo podía mirar el suelo, estaba nervioso. “Ten fe en ti” me dijo Ramona que había sentido mi excitación, pero no era tan sencillo, comencé a sudar, tenía los músculos petrificados, me temblaban las rodillas.

- No miressss a losss ladosss – me dijo el cinturón –, qué másss da que nosss essstén mirando, piensssa que nosssotrosss nosss tomaremosss unas cañejasss y ellosss no.
- Qué rica la cerveza - respondí.
- Ya te digo, ¿a ti cuál te gusssta másss? A mi la Francissskaner.
- Buahh donde este una buena pinta de Guinness – respondí yo, seguro de lo que me decía.
- Puesss ahora quiero que esssa ssseguridad que hasss demossstrado para hacer tal afirmación la mantengasss hasssta que passsemos el bosssque.

Es verdad, al fin y al cabo tampoco era tan complicado soportar aquellas miradas, a mi qué me importaba que me estuvieran observando, ¿acaso iban a hacerme algo mientras no les mirara? ¿Tenía claro lo que había que hacer? Sí. Entonces ¿qué problema había?, ¿no iba a ser capaz de llegar al bar a tomarme una Guinness? Pues claro que sí iba a ser capaz, y así fue como cruzamos el camino de los ojos en el cogote, en cuyo final pudimos vislumbrar un espléndido bar con la publicidad de Guinness.

Probablemente aquella pinta acompañada con una ración de croquetas fue la que mejor me supo hasta aquel momento. Sin embargo, ahora puedo decir que día a día cada una de las pequeñas cosas que me suceden en la vida me saben mejor, hasta tal punto que antes no me gustaban los riñones al jerez y ahora me parecen un manjar.

domingo, 2 de diciembre de 2007

Mentaltransformación (III)

No me lo podía creer, dudaba de si lo ocurrido el día anterior me había pasado en realidad, un plátano que me hablaba y con el que me comía una casa construida de dulces, estaba seguro de que aquello no podía ser cierto. Así que abrí los ojos y tras quitarme un par de legañas observé que algo había cambiado en mi habitación, aquella estancia gris y contaminada de aires impuros ahora estaba llena de colores. De la ventana penetraban unos estupendos rayos de sol que iluminaban mi rostro, días antes no podría ni abrir los ojos pero ahora la luz llena de vida no me era para nada desagradable.

Una semana después de aquella visión frutal escuché una tierna voz que llenaba mi colorida habitación:

- ¡¡¡Peter, hola!!!
- ¿Hola? ¿Quién anda ahí? – respondí con la voz entrecortada.
- Soy yo, tú mentru…, digo, soy yo pirata, la pastilla rosa.

Me dirigí a la caja fuerte, la abrí y pude observar como de las dos pastillas que aún quedaban la rosa estaba pegando saltitos.

- Holita guapo, ¿sabes una cosa? Estoy deseando que alguien me coma enterita – me dijo la voz proveniente de la diminuta pastilla.
- Creo que me estoy volviendo loco – dije llevándome las manos a la cabeza.
- Loquita estoy yo por deshacerme en tu boca, guapetón.

Y sin pensarlo, en un rápido movimiento cogí la píldora rosa y me la llevé a la boca. Como por arte de magia apareció delante de mí un elefante rosa con una copa en la mano, parecía ebrio porque se estaba tambaleando sobre sus dos patas traseras.

- Lo que me faltaba, un elefante rosa borracho – murmuré.
- Borracho por tu amor, ay que mira que eres guapo – me dijo señalándome con la trompa –. Primero me presento, me llamo Richi, me han dicho que necesitas que alguien te alegre un poco la vida, y qué mejor que ir a una de las fiestas que hay en cá Bandido. ¿Te apuntas?
- ¿Esto es un sueño verdad?
- Sí, sí, sí – me dijo Richi irónicamente.
- Pues entonces iré, total, no tenía ninguna cosa pensada sobre la que soñar.
- Te echo una carrera sobre las nubes entonces – me dijo pegando un salto tremendo.

Si este elefante con lo que pesaba y el pedo que llevaba era capaz de dar esos saltos, pensé que yo no tendría problemas. Así que flexioné las rodillas y con un tremendo impulso estaba volando rumbo a las nubes. En una enorme nube blanca me estaba esperando Richi.

- ¡Sígueme si puedes! – me gritó

Intenté seguirle pero al principio me costó un poco cogerle el tranquillo a esto de ir pegando saltos entre las nubes, pero al poco tiempo ya iba al menos tan rápido como él, incluso le cogí el gustillo al asunto. Después de un rato de ejercicio físico, exhaustos como estábamos nos tumbamos en una nube a tomarnos unos rones con coca-cola.

- Oye, ¿a ti qué te gustan más las piruletas en forma de corazón o los bombones rellenos de licor? – me preguntó el Richi.
- Los bombones con licor no me gustan – le respondí.
- Mira que eres tontico, con lo buenos que están. Yo no sabría por cuál decidirme, me gustan tanto ambas cosas. Bueno vámonos que seguro que están esperando a que lleguemos el Bandido y sus colegas.

Y así fue como llegamos a una especie de local colgado en la copa de un enorme e imponente árbol. Estaba plagado de objetos animados: había una llave inglesa, tres o cuatro tornillos, otras tantas tuercas, una raqueta, algún bolígrafo, una cacerola y un bote de champú. Todos estaban en un estado de éxtasis, se rozaban entre si empujados por las notas de un sitar, había algo de erótico en todo aquello, era algo así como una orgía de cosas.

- Vamos a pasárnoslo bien – me dijo Richi –, ven te voy a presentar a Bandido.

Estaba alucinado con todo lo que veía, la raqueta metía su mango en el asa de la cacerola mientras por sus cuerdas se introducían los bolígrafos, la llave inglesa apretaba las tuercas en los tornillos y el champú gritaba con vocecita de placer: “¡Estoy teniendo una experiencia orgásmica!”. Nos dirigimos hacia el sitar y Richi me dijo que aquel era Bandido.

- Hola Bandidito, ¿cómo estás hoy? Te veo divino – le dijo el elefante al sitar.
- Cojonudo tronco, además hoy hay un ambiente de puta madre en el local – le respondió.
- Ya veo, por cierto te he traído a un coleguilla que necesita un poco de marcha.
- Hola – dije tímidamente.
- Te veo un poco parao muchacho, vamos a hacer que te sumerjas en un mundo de sensaciones placenteras, que flotes con la música, que sientas tu piel de gallina, que te olvides de todos tus problemas y grites cuando llegues al clímax envuelto en un poderoso orgasmo de felicidad.

A partir de aquel momento ya sólo recuerdo ráfagas de lo ocurrido: una guitarra distorsionada, colores, lisergia, bailaba con las notas de un sitar, mi ropa volaba hasta el techo de la habitación, una cama, sabores nuevos en mi lengua, me sentía unido a todos los objetos del local, el techo se movía como si se tratara de un caleidoscopio girando, sudor, luz brillante, calor intenso, una erección.

jueves, 29 de noviembre de 2007

Mentaltransformación (II)

Pues vaya mierda – pensé en un primer momento, lo cierto es que esperaba otra cosa, no sé, quizás montones de monedas de oro, unos cuantos vinilos de los Beatles o un pergamino explicando cómo fabricar una fórmula infalible para lograr atraer hacia ti a un amor imposible. Pero tres diminutas pastillas..., menuda decepción, además ¿a saber para qué servían, serían medicamentos, algún tipo de droga, edulcorantes para la comida?, vete a saber.

- Oye tú, BYN, ¿qué te ha pasado en la vista? – sonó una misteriosa vocecita.
- ¿Quién habla, hay alguien ahí? – pregunté mientras miraba a todas direcciones intentando visualizar a la persona de la cual provenían aquellas palabras.
- Relájate tronco y me verás, cierra los ojos durante un minuto, respira hondo y vuelve a abrirlos.

Y así hice, no sé muy bien porqué pero cerré los ojos y al cabo de un minuto los abrí, veía todo como antes, no había cambiado nada. Aunque un momento, algo sí había cambiado, aquellas tres píldoras blancas habían cambiado de color, ahora había una rosa, otra azul y una amarilla que parecía tener vida.

- Lo ves BYN como eres capaz de ver cosas que antes no veías si te relajas un poco.
- ¿Eres tú quién me hablas? – le dije a aquella pastilla amarilla.
- Pues claro tron.
- Pero, las pastillas no habláis, ¿qué me está pasando? Me estoy volviendo loco – dije asustado.
- No estás loco pero necesitas una inyección de magia, luz y rock & roll. ¿Estás dispuesto a ello?
- No sé, ¿tengo que hacer algo?
- Sólo una cosa, cógeme, méteme en tu boca y deja que me deshaga en ella e inunde tu paladar con millones de sensaciones.

Jamás me había dejado llevar por un impulso, como si en mi corazón volviera a escuchar un rotundo y sonoro bombeo me metí la pastilla en la boca, tras un rápido pestañeo comencé a ver los objetos de mi habitación de otro modo. No sabría explicar lo que me ocurría, es como si estuviera metido en un cuadro y una mano con un pincel coloreara los muebles, las paredes, mis ropas. No, un momento, no era una mano la que coloreaba mi mundo sino ¡un plátano!.

- Hola tronco, ¿mejor? – me dijo el plátano con una sonrisa.
- Hola, no sé si mejor pero algo diferente sí – le respondí a la fruta amarilla.
- Mi nombre es Sr. Plátano, ¿y el tuyo?
- No sé si podré acordarme de un nombre tan complicado de memorizar – dije riéndome –. Yo me llamo Peter.
- ¿Quieres venirte a dar una vuelta conmigo?
- Me vendrá bien salir a estirar las piernas – contesté sintiendo como aquel fuerte latido del corazón fue acompañado por otros más a ritmo de rock & roll.

Así fue como salimos a la calle, pero el cielo estaba oscuro, las nubes cubrían el sol y los árboles parecían terribles seres al acecho para atacar a cualquiera que osara pasear por el camino que se abría entre ellos.

- No sé si es buena idea salir de casa – le dije al Sr. Plátano –. Parece que se va a poner a llover.
- ¿Y eso qué más da? Lo mismo tenemos suerte y nos cae una lluvia de flores. Además tampoco está tan oscuro, mira tronco y aprende.

El Sr. Plátano se dirigió al camino y del rabo le salió un haz luminoso que inundó todo de colores, yo cegado al principio no conseguí ver nada pero al poco tiempo mi vista se acostumbró a aquello y pude comprobar como lo que antes era gris y sombrío ahora era de color.

- Ahora es tu turno, ¿ves aquella casa de allí? – me preguntó el Sr. Plátano.
- Sí – respondí –. Pero está hecha polvo, parece que haya sido abandonada hace mucho tiempo.
- ¿Estás seguro, has visto lo que he hecho yo antes? Creías que el cielo y el camino eran aterradores pero sólo para ti, para mi era un día espectacular. Además esa percepción es muy fácil de cambiar porque aunque no lo creas tienes poder para ver las cosas de otra manera. Venga, te toca a ti repetir lo que yo hice, verás como es muy sencillo.
- No sé si podré – le dije al Sr. Plátano.
- Claro que puedes tronco.

Así que me empecé a bajar los pantalones para inundar…

- ¿Pero qué estás haciendo? – me preguntó el Plátano.
- Pues echar un arco iris por el rabo como tú.
- El poder no lo tienes en la colita sino en tu cabeza, hay que ver que tontico eres tronco.

Ahora sí, cerré los ojos, pensé en piruletas rojas, gominolas multicolores, montañas de sugus y ríos de miel moviendo molinos de chocolate, al abrirlos aquella casa medio en ruinas se convirtió en una hermosa y limpia casita construida de dulces con un río como el que antes había visualizado.

- ¡Vamos a ponernos morados de golosinas Peter! – gritó el Sr. Plátano.

Y corriendo con él me dirigí hacia aquella casita de llamativos colores de la que daríamos buena cuenta.

martes, 27 de noviembre de 2007

Mentaltransformación (I)

Estaba oscuro, escuchaba en la lejanía ruidos provenientes probablemente de algún culo, me daban ganas de vomitar, no me atrevía a salir de aquella habitación agobiante, pintada de negro y únicamente adornada por un póster de Karina y un burro dándose un morreo. Sin embargo, entre aquellas paredes estaba todo lo que necesitaba, mi cama, mi colección de tebeos del Hombre Verdura, alguna que otra revista porno y mi videoconsola con el juego de Chuck Norris.

Buena parte de la habitación estaba ocupada por una caja fuerte, enorme, muy bonita, aunque algo oxidada, y a la que a veces escuchaba decirme: “Gilipollas, atontao, a ver si te cambias ya de ropa interior que hueles mal”. Supongo que sería mi imaginación porque creo que estas cajas no hablan, aunque son bien fuertes. De todas formas no perdería nada tapándole el agujero por el que emitía los sonidos, pero había un problemilla: no encontraba la llave.

Sin embargo un buen día, después de buscar la llave durante bastante rato, me di cuenta de que la tenía al alcance de la mano, como suele decirse estaba tan cerca que casi me quemaba. Por fin podría abrir aquella caja que llevaba tanto tiempo cerrada y descubrir qué se encontraba en su interior. Lo cierto es que es una paradoja tener delante de ti una caja fuerte pero no poder acceder a lo mejor de ella: su interior, porque por fuera puede ser todo lo bonita o fea que quiera pero lo interesante es averiguar que se encuentra dentro.

Ahora que tenía la llave sentía cómo el nerviosismo se apoderaba de mí, antes no tenía ninguna duda sobre lo que hacer con aquella caja pero ahora tenía dos opciones: dejarla sin abrir o descubrir que había en su interior. Era complicado decidirse porque desde hacía tiempo no corría por mis venas ninguna sensación de curiosidad, sentía la sangre horchatada, no tenía estímulos, simplemente me dejaba llevar y hasta algo tan simple como abrir una caja era para mí todo un reto.

Finalmente me decidí a hacerlo, pero a pesar de estar dentro de la habitación tuve la sensación de atravesar un largo pasillo plagado de zombies, vampiros, momias, hombres lobo y Marujitas Díaz antes de alcanzar la caja. Tras esquivar los envites de los monstruos, sudando y exhausto introduje muy lentamente la llave en la cerradura, la giré en el sentido de las agujas del reloj y tras escuchar un clic abrí la puerta para ver qué contenía en su interior. En primer lugar percibí que lo que más abundaba allí era polvo, mucho polvo, el cual me provocó un estruendoso estornudo llenando el aire de la habitación de estas partículas. Algunas motas me entraron en los ojos y después de restregármelos durante un rato conseguí, aún con mi sentido de la vista a medio potencial, ver que dentro del cofre solamente había tres píldoras, tres pequeñas y diminutas píldoras blancas.