Estaba tumbado en la playa sobre mi toalla multicolor medio traspuesto y con una modorra digna del calor que hacía, cuando tras abrir levemente un ojo presencié aquella aparición divina: un bambino horripile correteando de manera poco grácil por la fina arena. Tarde poco en abrir los dos ojos por completo, me incorporé y a los pocos segundos ya tenía claro que aquél niño gordito iba a ser protagonista de un post.
Primero describámoslo un poco, el bambino de unos 10 años iba ataviado únicamente con un bañador marcapollita, de esos bóxer que cubren un poco las patejas. No sé si a las chicas os molan este tipo de bañadores marcando paquete pero al niño le quedaba de puta pena, era de color azul marino con franjas rojas y azul más claro. Encima del bañador tenía el flotador, una hermosa barriga morenita, al igual que el resto del cuerpo (excepto la espalda que luego os contaré), que al correr botaba.
Ejemplo de bañador marcapolla, al parecer cuanto más pequeños mejorHubiera sido lógico pensar que aquel niño fuera abandonado en la playa por sus padres, le dejan a las 10 de la mañana y le recogen cuando se pone el sol, pero no era así, allí estaban sus padres y su hermana. De estos tres la única que aparentemente se salvaba era la niña que parecía bastante normalita, en cambio su madre era un taponcito de 1,50 del mismo peso que la altura quitando la coma, con voz de pito, evitaba que nadie la observara enseñando sus voluptuosas ubres, las cuales por culpa de la gravedad le llegaban sin exagerar a la altura del ombligo. En cambio el padre era un tío alto, fuerte, moreno, con pelos en la pechambre, también con bañador marcapolla, llegué incluso a pensar cómo aquél mozo podía estar con aquella mujer poco agraciada. La verdad es que me encantó pensar que el amor no tiene barreras y hay cosas más importantes que el físico, pero en cuanto aquél padre se levantó me di cuenta que tenía que tener algún problema en la cabeza, vamos a dejarlo en que no debía ser muy listo (distintivo también de su hijo horripile).
Pero vamos de lleno con el nene, un ser ridículo y gilipollesco en su esencia, del que esperas que en cualquier momento haga alguna de las suyas. Ya he hablado de su bañador marcapaqueti, que rellenaba sin problemas por detrás con un buen culo pollo, pero lo más curioso es que lo llevara medio caído enseñando la raja del culo, que evidentemente también tenía morena. El tío estaba negro como el tizón pero como os adelanté antes no en todo el cuerpo, la espalda la tenía blanquecina, ¿por qué os preguntaréis? la respuesta es sencilla: ¡¡¡
era un niño crema!!!. Su madre en un afán de protegerle del sol le había echado crema a cholón, haciéndole en la espalda una costra de varios centímetros que no consiguió absorber ni eliminar a pesar de estar una hora haciendo el gamba en el agua.
Michael Jackson cuando iba a la playa de pequeño también era un niño cremaPero entremos ya en materia, con qué se rodea un niño ridículo: con cosas ridículas. A parte del bañador feísimo por la mitad del culo tenía una colchoneta ridícula, a esa edad puedes tener una con Spiderman, cualquier otro superhéroe o sin ningún dibujo pero lo que no concibo es que fuera con una colchoneta de Mickey y Minnie. Además pude comprobar que era suya porque el resto de miembros de la familia tenía otras colchonetas, era cómico observarle mientras intentaba subirse al cacho plástico con aire; al final a la décima intentona lo lograba con la cara llena de sudor y la espalda aún encremada. Una vez encima de la colchoneta pensaba que podría disfrutar de un momento de relax, que lo suyo le había costado subir. Pero no fue así, al poco tiempo no sé qué cojones hizo que se le dió la vuelta la colchoneta y cayó al agua; dejando en medio del mar la colchoneta de los ratones salió dando arcadas y escupiendo kilos de agua salada con babas, era patético ver al padre en busca de la colchoneta mientras la madre le arreaba un par de gritos al niño agonizando de rodillas sobre la arena.
Pero ahí no quedó la cosa, para vengarse del traicionero mar que le hacía pasar un mal trago se enfrentó a él, en posición de ataque con las patejas flexionadas y los puños en alto le arreaba mamporros a las olas cuando rompían en la arena. La verdad es que hasta en esta situación parecía ridículo puesto que aquellas pequeñas olas eran capaces de hacerle tambalear de vez en cuando. Lástima que sólo coincidiera con él en la playa un día porque sino tendría material para escribir unos cuantos posts del
bambino horripile encremado.