Cada vez tengo más claro que uno de los objetivos de los guiris jovunos cuando vienen de vacaciones a España es emborracharse todo lo que puedan. Es el caso de un guiri con el que me crucé este fin de semana en Madrid, lo que me extrañó es que fuera sólo, no sé, a lo mejor le dejaron tirado sus colegas.Yo califico los pedos (de borrachera, no de cuescos) en tres tipos: los depresivos, los violentos y los graciosos. Afortunadamente en este caso estaba en el tercer grupo. Cuando le vi a lo lejos se cruzó con una viejuna que iba con su perrillo, el animalillo, de raza perro patada, comenzó a ladrarle (como hacen con casi todo el mundo) y el guiri en vez de soltarle cualquier improperio intento hacerse amigo de él. Para ello se puso a cuatro patas y le empezó a ladrar, el perrillo hizo lo mismo, fijaros que por un momento hasta pensé que estaban comunicándose entre ellos. Pero al final, la viejuna acabó cortando el rollo cogiendo al perrete y pirándose de allí a pesar de los ladridos de pena del guiri.
Vuelta a su forma humana, el guiri decidió fumarse un cigarrito, cogió el tabaco sin problemas pero tuvo la mala suerte que al sacar el mechero del bolsillo se le cayó al suelo. Vaya, ahora tendría que agacharse, y es lo que hizo pero tuvo de nuevo la mala fortuna de que a causa de un movimiento de tierra bajo sus pies, cayó de culo. El tío se descojonaba mientras tirado en el suelo se estiraba para activar los músculos, ya que iba a necesitarlos para volver a ponerse de pie de nuevo. Primero, con mucho esfuerzo se puso a cuatro patas y luego, a pesar de que las piernas le tambalearon un poco, consiguió sostenerse de pie. Y qué mejor para celebrarlo que metiéndose en un bar a tomarse algo.
Ahí es donde le perdí la pista pero seguro que aún le quedaba noche para disfrutar.










































