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lunes, 25 de abril de 2011

Buscando en el baúl de los recuerdos


Cada día estoy más convencido de que a medida que te vas haciendo mayor terminas haciendo lo mismo, o adoptando las mismas costumbres, que las generaciones pasadas.

Hoy en concreto me gustaría hablar de las fotos, y yendo aún más al detalle, de la manía que tienen las madres a medida que van cumpliendo años de enseñar esas fotos tuyas en las que eras un renacuajo. Mi madre ya no pierde la oportunidad de una nueva visita para sacar los álbumes.

- Mira Fulanita, qué bien sale aquí cuando tenía 4 años en la playa.

Vale que no es lo mismo que Fulanita te vea en pelotas ahora que cuando tenía 4 años, pero tampoco me hace mucha gracia que mi santa madre vaya enseñando esa foto mía con la cola al aire.

Además es que las madres se pueden tirar horas explicando todo lo que rodea a una foto; y ahí se tiran, sin pasar página, todo el tiempo que sea necesario para que ningún detalle se quede olvidado. Mientras tanto, tú al principio lo llevas con filosofía pero a medida que las fotos van pasando y la madre se va animando a contar cada vez más “detallitos”, sin obviar ninguno que te pueda ridiculizar, tu paciencia se va agotando.

Y precisamente ese es el momento, cuando tu paciencia está llegando al límite, en el cual a tu madre se le ocurre la brillante idea de ir a por el libro sagrado para terminar la fiesta: el álbum de la comunión. Supongo que a alguien le molarán esas fotos con traje de gilipollas pero la mayoría las detestamos, de hecho si por mi fuera las quemaba porque solo con verme en ellas me doy asco a mi mismo. Pero claro, no lo hacemos porque sino destrozaríamos el corazón de nuestras madres...

jueves, 14 de abril de 2011

Nuestros amigos los alemanes


El hotel en el que estábamos estaba repleto de alemanes, en porcentaje estaríamos hablando de un 90%, el resto éramos españoles, franceses y de otros países. Y de todos, el 80% eran viejunos.

En cualquier caso prefiero a los alemanes antes que a gente de otros países, incluidos los españoles. Los germanos le dan de lo lindo al bebercio pero luego en general eran de lo más educado, además podías decirles cualquier cosa porque no te entendían una mierda. Los franceses la verdad es que no se notaban; sin embargo los pocos españoles que había y algunos otros de países del este eran los más terminaban con la tranquilidad a base de gritos.

En fin, que le cogí un poco de cariño a los alemanes, sobre todo a unos cuantos con los que nos cruzábamos a todas horas en el hotel. Y para reconocerlos les pusimos unos motes:

Mr. Proper: era un calvete que se pasaba casi todo el día en la terraza de su habitación.

Los Ángeles de Charlie: Era una pareja, ella tenía pinta de Ángel de Charlie y él de Charlie chuloputas, estaba morenísimo, con pelo engominado y aunque entró con tipico salió con pecho palomo.

Las Chicas de Oro: tres mujeres a las que les gustaba empinar el codo, las veíamos siempre después de cenar, dos de ellas bebían Baileys y la otra Smirnoff a palo seco. Era una tía dura.

La Patizamba: con sus andares descoordinados.

La Comehombres: No comment.

La Divina: una viejuna que iba siempre de punta en blanco.

La Tsunami: mujer de grandes volúmenes.

El Tío Ángel: un hombre que se parecía al tío de mi chica.

El Chiquitín: la excepción que confirma la regla de que los alemanes son grandotes y fornidos. Este era un renacuajillo.

El hombre que sujetaba las columnas: siempre le veíamos turciao, con un pedo de aupa, luchando por mantenerse erguido.


sábado, 11 de diciembre de 2010

Las marujas del tren en... El disgusto más grande de su vida


- Ayyy mari, tengo un disgusto con mi hijo.

- ¿Y eso? - le dice la jefa cabezona.

- Que va a casarse por el juzgado y no lo quiere celebrar.

- ¿Pero ni una comida con la familia ni nada?

- Nada, dice que vamos a firmar y como mucho nos tomamos unas cañas. Ayyyy qué disgusto me ha dado, pero si es lo que yo le digo, al menos celebrarlo con la familia en un restaurante que uno no se casa todos los días. Yo no digo que se tenga que casar en la iglesia, aunque es mucho más bonito, ahora muchos jóvenes se casan por el juzgado, si yo por eso no le digo nada, ¿pero que no lo celebré? ¡¡¡Eso está muy mal!!!

- Pero bueno, al menos que lo haga por su madre, ¿no?.

- Eso digo yo, pero nada hija, que el niño no quiere, tengo un disgusto desde que me lo dijo el sábado.

- No me extraña.

jueves, 21 de octubre de 2010

La maruja portaestandarte


Ya os hablé de este grupo de marujas hace tiempo cuando una decía que en vacaciones comió bieterguá y nubes. Pues sigo encontrándomelas bastante a menudo y no cambian, siguen con sus gritos y sus tonterías, sin vergüenza de ser escuchadas por el resto de usuarios del tren.

Esta vez iban criticando a una de sus amigas, la cual por supuesto no estaba presente, y es que como todo el mundo sabe, es el mejor momento para poner a parir a alguien. El caso es que me he dado cuenta de que tienen una líder, la cual se abre camino en las conversaciones a hostias. Sí, como habéis oído, zurra a sus amigas para que la presten atención.

Pero antes de desvelar cómo lo hace, me apetece describirla un poco, aunque pienso ir al grano y es que el elemento definitorio de esta señora es su cabeza, tremenda molondra en la que podría instalarse el primer aeropuerto móvil del mundo. Es una cabeza de tipo alargado, y como parece que no es lo suficientemente grande, la tipa en cuestión se lo ahueca para darle más volumen y así ganar unos centímetros más de almendra. A mi que tenga un cabezón me tiene sin cuidado aunque su cuello y hombros me dan bastante lástima, sin embargo hay una cosa que me preocupa y es que un día el tren dé un frenazo y la señora termine con la cabeza impactando contra el respaldo del asiento, eso podría provocar el desplazamiento del tren en sentido contrario, desrecorriendo lo ya recorrido. Otras cosas no, pero esto podría provocar que la gente del tren se rebotara y la curtiera allí mismo.

La cabezona de pequeña a su madre:
Mamá, mamá, en el colegio me llaman cabezona.
¿Y por qué no les pegas?
Porque se meten por las calles más estrechas.


En cualquier caso, a lo que iba, que la de la calabaza con pelo ahuecado zurra a sus amigas en vivo y en directo, con todo el mundo mirando. Suele dar manguzadas en la mano o en el brazo, pero no creáis que son de coña, no, suenan que da gusto. De todas formas sus amigas ya deben estar acostumbradas porque no se quejan, se limitan a escuchar la sarta de gilipolleces que suele decir, malmetiendo, eso sí, para dar un poco de emoción a sus vidas.

sábado, 16 de octubre de 2010

Jubilación a los 70 y paro juvenil


Hace unos días me mandaron esta viñeta y a pesar de la gravedad del asunto no pude dejar de partirme el culo.

sábado, 9 de octubre de 2010

Mañana hay que darlo todo


Mañana correré mi primera carrera con un objetivo claro, terminar en un puesto anterior al número de mi dorsal. Tengo el 1.138 de un total de 1.423. Además haré todo lo posible para que ningún viejuno me adelante, la táctica es clara, empezar al final e ir de menos a más pasando a aquellos que el tío del mazo les haya hecho una visitilla.

Lo chungo es el tiempo que va a hacer, ya me veo empapado... y no precisamente de sudor.


miércoles, 29 de septiembre de 2010

Consejos sencillos para una vida complicada (VI)


No imitéis a los futbolistas, ellos apretando levemente con un dedo un orificio nasal y expulsando el aire son capaces de deshacerse de todos los mocos de la nariz, si lo intentas tú puedes terminar con un puñado de mocos colgando de tu mano.


Consejo inspirado tras ver a un viejuno realizando esta acción con una nefasta ejecución.

sábado, 5 de junio de 2010

La viejuna en busca del bollo gratis


Luego que si me meto mucho con las viejunas, pero es que cada día me dan más razones para hacerlo. Sin ir más lejos, hoy bajo a la panadería a comprar el pan y delante estaba una de estas viejunas hablando con la dependienta.

- Oye, ¿no sabrás tú dónde hay aquí un sitio en el que si compras una barra de pan te regalan un bollo? – le suelta la viejuna.
- Mmmmm, pues no – le dice la dependienta después de reflexionar durante dos o tres segundos.

Mi bollo favorito es el pepito de crema

Pero vamos a ver, ¿a quién en su sano juicio se le ocurre preguntar en una panadería por otra en la que te regalan un bollo? Es que aunque la chica supiera esa otra panadería, si tiene unas mínimas luces, no se lo iba a decir porque sería echar piedras sobre su propio tejado.

martes, 23 de marzo de 2010

Carrera de niño contra viejuna


Algunos ya pensamos que vivimos en una sociedad totalmente deshumanizada, en donde lo importante es sobrevivir uno mismo sin pensar en los demás, pero me temo que lo peor está aún por venir. Las nuevas generaciones van a venir pisando, o mejor dicho, pisoteando fuerte, con un nivel de competitividad extremo se dejarán la vida por llegar a la cima de la montaña.

Y así lo pude comprobar este finde en una tienda de ropa, iba un niño de unos tres o cuatro años hablando con su madre y su abuela con el carrito cinco o seis metros delante de ellos. En estas que al niño le viene el venazo competitivo y le dice a la madre: Vamos mamá, vamos a adelantar a la vieja.

El niño salió disparado y la adelantaron, eso sí, le costó una regañina de su madre por utilizar la palabra vieja para referirse a la abuela. De todas formas, me gustaría ver al niño compitiendo por un asiento del metro, ahí las fuerzas se igualarían bastante.

domingo, 14 de febrero de 2010

Moriré dando mi vida por un asiento


Hoy he sentido como todos mis principios éticos se han desmoronado, como si una patada invisible en los huevos me haya dejado amagado sin respiración. Ain, amigos míos, el día de hoy marcará un antes y un después; el miedo, la duda y la aflicción se han apoderado de mi neurona hasta que seguramente terminen doblegando su voluntad.

¿A qué viene todo esto? - os preguntaréis. La respuesta es rápida y sencilla, además no me veo capacitado para adornar los hechos, el suceso ha sido lo suficientemente terrible como para recrearme en ello. Hoy he ido con mis padres al metro y cuando ha llegado el tren, en vez de dejar salir a la gente, snif snif, mi padre se ha abalanzado cual viejuno, snif snif, a por un asiento.

Al verle hacer esto me he quedado sin palabras, ¿sabéis lo que esto significa? Yo os lo digo, que a medida que cumpla años me voy a convertir en aquello que ahora tanto critico. Seré, muy a mi pesar, un viejuno que guarde todas sus fuerzas para pelearse por un asiento, por mucho que luche por evitarlo o por mucha resistencia que ponga en ello, al final los genes se impondrán. Como un pequeño ejército sin prisa pero sin pausa, se irán apoderando una a una de cada una de las células de mi organismo, llevándome poco a poco a pensar, a actuar y a sentir como lo que seré, un viejuno que sólo tendrá ojos para su ombligo.

Mi vida ahora ya no tiene sentido. Si alguien sabe cómo deshacerme de la tiranía genética, por favor que me lo haga saber de inmediato, si no creo que acabaré volviéndome loco.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Los demoños subterráneos


Desde hace bastante tiempo un diablillo se me instala en el hombro izquierdo cuando bajo las escaleras mecánicas en el metro. Pero no creo que sea el único, es bajar a las profundidades terrestres y a todo el mundo se le posa en el hombro, cual pajarillo colorado, un demoño.

A cada uno supongo que nos dirá una cosa diferente, a las viejunas les dirán que maten por un asiento si es necesario, que los jovunos quieren acabar con ellas, etc.; a otros les dirán que pongan la música a toda hostia porque lo que escucha es lo mejor y debe ser compartido, otros compartirán con todos su periódico, otros su olor, otros su tos, algunos sus mocos; los habrá que no compartan una barra para agarrarse o su espacio vital, irá el metro lleno pero no dejarán de leer y no cederán ni un milímetro del espacio que consiguieron cuando el metro iba vacío.

Pero a lo que vamos, ¿qué me dice a mí el demoño? Pues lo que me dice es que baje corriendo las escaleras mecánicas mientras enchufo collejas a la gente que se queda en el lado derecho de las mismas. Y no es un pensamiento que me haya venido una sola vez, qué va, últimamente lo pienso muy a menudo al observar algunas collejas muy jugosas. Pero bueno, de momento me estoy controlando porque no quiero discriminar al angelito, si no le hago puñetero caso a él tampoco voy a hacérselo al diablillo.

jueves, 21 de enero de 2010

La verdadera razón por la cual los extraterrestres quieren exterminarnos (Parte 2 y última)


El objetivo de la expedición no era otro que el de hacer un poco de turismo y tratar de convencer a los protagonistas de la serie para que visitaran su planeta y así sus habitantes pudieran conocer a sus ídolos. Pero desde el inicio la cosa no fue nada bien, lo primero fue encontrar un lugar para aparcar la nave, la cosa no fue sencilla, tuvieron que dar un montón de rulos para hallar un aparcamiento. Lo que desconocían es que no vale con aparcar la nave, sino que además te obligan a meter pelas en unos cacharros, así que cuando llegaron por la noche se encontraron con un multón de tres pares de narices (expresión proveniente del planeta Actimel Omega 3 en el cual sus habitantes tienen 6 narices).

Aparte de la multa, el día no les fue nada bien, sentían que los terrícolas les miraban raro, no se asustaban al verlos pero ellos no se encontraban cómodos con la forma en la que los observaban. Vieron a un oso, una escultura de un tío sobre un bicho a cuatro patas, una especie de cuarto de cúpula raruna con cristales, pero sobre todo muchos humanos, la gente iba con un montón de bolsas en cada mano, personas tiradas en el suelo llenas de mierda con un bote y algunos céntimos en su interior, otros sin brazos con un vaso en la boca lleno de euros, algunos gritaban, otros corrían, en definitiva, un caos que volvería loco a cualquiera. Finalmente decidieron centrarse en su misión, preguntaron a la gente si sabían dónde podían encontrar al Chechu, la Juani, el Nacho, el Poli…, pero nadie tenía ni puta idea de lo que hablaban. Los de médico de familia - les decían, pero nada, la única pista que obtuvieron fue que Nacho estaba en la Sexta, en la sexta qué, eso qué era, la gente les estaba tomando el pelo. Aún así era una raza pacífica, preferían contar hasta zri antes de liarse a tiros.

Pero hubo una gota que colmó el vaso. Los buenos y pacientes expedicionarios de Epsilon Andromeda B decidieron hacer unos panfletos con los jetos del Chechu y compañía, a ver si así los humanos los identificaba más fácilmente que sólo por el nombre. Sin embargo la idea no funcionó desde el primer momento, una terrestre de edad avanzada (viejuna para todos nosotros), cogió el panfleto y se empezó a descojonar en la cara de la pobre alienígena. Ya sabemos que el respeto que tienen estos humanos hacia los demás deja mucho que desear. Ahora sí, el cabreo del grupo de seres verdes fue tremendo, cogieron la nave llena de multas y papelitos de propaganda en el parabrisas y se fueron a su planeta a la velocidad de la luz.

El momento que condenó a la humanidad

A partir de ese momento, ∩∫∞♣╪, presidente de Epsilon Andrómeda B, declaró la guerra a la Tierra mediante una carta dirigida a Esperanza Aguirre. Ésta, acojonada y diciendo que la culpa era sin duda del gobierno de Zapatero, decidió crear un grupo de superhéroes para rechazar la amenaza extraterrestre. Llegados a este punto muchos estaréis pensando en nuestro Chasky’s friki group, pero no, yo jamás serviré a ningún gobierno, nosotros somos libres y hacemos lo que nos sale del ojete. En cualquier caso, aquel grupo de superhéroes no duró ni dos asaltos.

Los elegidos para salvarnos a todos, pufff, me parto el culo

Así que nada, esta es la situación actual, los extraterrestres se están infiltrando en nuestra red social, ocupando importantes cargos para dominarnos desde dentro, sin renunciar en algunos casos a la violencia. Pero aquí estamos nosotros para evitar que se adueñen de La Tierra y nos obliguen a ser como los personajes de Médico de Familia las 24 horas al día. Por nuestro bien más nos valdrá que no nos saltemos el guión que tienen escrito para los terrícolas.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Pantalones escaladores


Una de las dudas que siempre he tenido es por qué según te vas haciendo mayor, además de aumentarte los años y el tamaño de las orejas, los pantalones van escalando hacia arriba llegando en algunos casos hasta la altura de los sobacos.

No os riáis, es que yo lo estoy viviendo en mis propias carnes y me estoy asustando un poco, creo que no podré impedir el feroz avance hacia arriba de esta prenda. Recuerdo cuando llevaba los pantalones hacia algunos años casi por la mitad del culo, ahora ya los tengo fijados a la cintura y no sólo no se caen sino que a veces aprietan la huevera; está claro que no tienen límite y quieren seguir subiendo.

Pero lo peor de todo es que me veo de mayor así, hay cosas que jamás me veré haciendo de mayor o que intentaré evitar, como por ejemplo quedarme las horas muertas mirando obras, pero creo que ante los pantalones sobaqueros no podré luchar. Me compraré un buen cinturón, largo como mi medida pectoral, y me abrocharé los pantalones en el pecho palomo que seguro tendré. Lo malo es que habrá que luchar contra algo que odio profundamente ahora, no soporto que al sentarte la pata del pantalón se suba hasta la altura de la rodilla, enseñando calcetines y pelambrera de las piernas. De momento esto lo tengo más que controlado pero quién sabe si en el futuro también tendré que sucumbir a ello.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

100 minutos juntos... y casi muero


El finde pasado estuve en el cine viendo 500 días juntos, la que dicen puede ser película independiente del año, y la verdad es que con los toquecillos de buena música que aparecen en la cinta, he de decir que me gustó bastante.

Pero por supuesto últimamente no puedo ir al cine sin que me pase algo con esos seres que junto a mi también pululan por esas salas. En este caso, sentada a mí lado junto a su marido estaba una viejuna que ya me empezó a mosquear antes de que comenzara la película: hablaba mucho. Pero eso no fue nada comparado con la que me tenía reservada, ni corta ni perezosa se quitó los zapatos y puso los pies encima del asiento delantero, pero tranquilos que no se los puso en la cabeza a nadie, el asiento estaba vacío.

Y digo yo, no sólo me parece una falta de respeto que se ponga así con los pezuños sino que al menos podría llevarse sus medias de gala porque las tenía todas remendadas. Así que al final tuve que hacer un esfuerzo sobrehumano (menos mal que soy un superhéroe) para concentrarme en la peli. Pero no fue sencillo dejar de mirar sus pies con dedos torcidos y callosos, debajo de las medias llenas de remiendos, y no distraerme por sus comentarios: ‘qué rara es esta película’, ‘no me estoy enterando de nada’, ‘¡mira se ha casado la amiga!’, y más comentarios de este tipo. La verdad es que la pobre señora estaba más perdida que un pedo en un yacuzzi, hasta el marido la tuvo que decir que se callara un poco.

Tuve la sensación de que aquella viejuna pagó la entrada del cine para ver una imagen detrás de otra sin ningún tipo de relación, aún así seguro que es lo mismo que la ocurre cuando en su casa se sienta delante de la tele mientras cose los agujeros de sus medias.

martes, 27 de octubre de 2009

Viejunas en Dolby Surround


Aunque tengo varias alternativas para llegar al curro prefiero, a pesar de tardar un poco más, coger el metro en la primera estación de una línea, de esa manera me siento sin peleas y puedo leer sentado tranquilamente.

De todas formas eso de ir leyendo tranquilamente es relativo, todos los que cogéis el transporte público sabéis las causas que pueden romper la tranquilidad. Y entre esas causas, cómo no, se encuentran las viejunas. Ayer sin ir más lejos en la cuarta estación entraron tres de ellas, una estaba colocada en una puerta y las otras dos en otra, la que iba por libre consiguió un asiento mientras que las otras dos tuvieron que permanecer de pie a pesar de lanzarse a toda velocidad dentro del vagón. Mala suerte.

En el siguiente gráfico (V=Viejunas; Chasky=Chasky; O=Ojetes=Gente sentada en asientos) puede verse más claramente la situación de los hechos:

Viejuna en las puertas con el cuchillo entre los dientes para lanzarse en plancha sobre los asientos haciendo uso de una técnica envolvente

La Viejuna 1 consigue asiento mientras que las otras dos cascurrean de pie

Las viejunas que estaban de pie empezaron a hablar entre ellas, mientras que la viejuna número 1 metía baza de vez en cuando. Os podéis imaginar, si no fuera suficiente con tener al lado a dos cotorras bociferantes, porque además las señoras no sabían hablar bajo, todo el vagón entero se estaba enterando de los peligros de una operación de reducción de estómago, además las tenía que soportar en estéreo (2 voces venían por la derecha y otra por la izquierda). Evidentemente así, mantener la concentración en el libro se hacer una tarea casi imposible.

Al final la viejuna 2, a pesar de estar un poco ternesca se movió con gran velocidad al ver un asiento libre, no dando ninguna oportunidad a que la viejuna 3 la arrebatara el sitio, en el metro impera la ley de la selva y para estas cosas las amistades quedan a un lado. Pero a pesar de alejarse un poco ahora el leer fue algo absolutamente imposible, hicieron una formación en línea de tres que acabó con las esperanzas de los pasajeros cercanos de poder concentrarse en sus libros. Así que a mi no me quedó más remedio que concentrarme en su conversación de dietas, pérdida de peso y operaciones de reducción de estómago.

Así quedó la situación final: viejunas en formación lineal.

De verdad que no entiendo por qué la gente necesita comunicarse a gritos a pesar de tener a su interlocutor a escasos centímetros.

lunes, 19 de octubre de 2009

Adivinando comidas en el tren (1/2)


Muchas veces por la mañana cuando vas a currar en el maravilloso transporte público te encuentras a un grupo de señoras hablando de sus cosas. Y muchas veces, a parte de criticar a fulanita y menganita, hablan de comidas, de lo que zamparon el día anterior, de lo que van a cenar o de lo que van a preparar para el fin de semana. La mayoría de las veces no presto atención a sus conversaciones puesto que a parte de interesarme poco, tienen poca chicha para hacer un post sobre ellas. Sin embargo, a la que tuvo lugar ayer no pude escapar: primero porque eran cuatro señoras desparramadas por el tren y para hablar entre ellas debían hacerlo a gritos, daba igual si todo el mundo se enteraba de lo que hablaban o si molestaban; y segundo porque jugaron a las adivinanzas.

Fue bastante divertido ver cómo todo el tren que oía a las señoras se devanaba los sesos intentando adivinar cuál era la comida que probó una de ellas en el verano.

- Pues en el hotel de la playa probé un plato que me gustó mucho – decía la viejuna.

Un estofado de lengua pensé yo, porque era indudable que la suya la tenía muy entrenada para darle al palique. Pero sigamos con la segunda pista de la señora:

- ¿Cómo se llamaba?, lo tengo en la punta de la lengua, mmmm, ¡¡¡biterguá!!!
- ¿Biterguá? – preguntaron al unísono sus amigas y dentro de sus cabezas parte del tren.
- Sí, creo que se llamaba así, biterguá.

Si buscas biterguá en google no aparece ningún resultado, nadie ha usado esta palabra ni ha colgado una imagen con este nombre, ¡voy a ser el primero!


Como veis incluso con una pista como el nombre del plato nos costó adivinar de qué se trataba, menos mal que siguió dando pistas:

- Es un plato parecido a la paella pero con fideos gordos, estaba muy rico – continuó la señora.
- ¡Fideuá! – gritó la señora más sabionda, descifrando por fin el enigma.
- Eso, que no me acordaba bien del nombre, jajajja, pues a ver si lo hago un día porque blablabla…

martes, 29 de septiembre de 2009

La cola de los humanos


¿A qué se debe el título de este post? – os estaréis preguntando. Pues se debe a que desde hace unos días me vengo preguntando en qué hubieran cambiado nuestras vidas si en la evolución humana hubiéramos mantenido el rabo de los primates, un poco al estilo de Goku de Bola de Dragón.

Realmente después de darle vueltas y vueltas creo que un buen rabo nos serviría más bien de poco. A los monos les sirve para equilibrarse cuando andan saltando de rama en rama y sujetarse a ellas, enroscando su rabo, para no pegarse una buena hostia. A los humanos a lo sumo nos serviría para agarrarnos a la barra del metro y de esa forma evitar oler eau de sobaco. Lo malo es que las viejunas tendrás una nueva arma, con sus rabos harán barreras en las puertas para entrar las primeras y así asegurarse un asiento, los cuales tendrían un agujero en la parte baja del respaldo para poder meter la cola y descansar toda la espalda sobre el mismo.

Por lo demás, una utilidad verdaderamente provechosa pues como que no se me ocurre ninguna más, a no ser que pueda averiguar con mayor facilidad el estado de ánimo de las personas. Aunque seguramente muchos individuos, entre ellos los políticos, aprenderían rápidamente a controlar sus colas para que no denotasen ningún tipo de sentimientos. Porque imaginaros que supiésemos por el rabo si un político está mintiendo…, serían los últimos días de esta actividad. Pero el común de los humanos expresaría alegría con el rabo para arriba y agitándolo, si lo tiene tenso es que está a la defensiva o nervioso y además ya tendría sentido la expresión se va con el rabo entre las piernas.


Pero aunque realmente la utilidad de este apéndice sería más bien escasa, seguro que la moda se habría interesado desde bien prontito por él. Habría cubrecolas para que nuestro rabo no se nos quedase helado en los días de invierno, además dispondríamos de miles de modelos y precios distintos. Y para rematar el pastel y jodernos un poco más la vida, se habría puesto de moda depilarse el rabo, y ya con el miembro sin pelos, a parte de gastarte unas pelas en productos para quitártelos o en establecimientos dedicados en exclusiva a ellos, también habría potingues para su cuidado.

Conclusión: me alegro de que la evolución haya sido tan sabia y ahora los humanos no tengamos cola (de la de atrás).

lunes, 20 de julio de 2009

Un pedo de órdago


Cada vez tengo más claro que uno de los objetivos de los guiris jovunos cuando vienen de vacaciones a España es emborracharse todo lo que puedan. Es el caso de un guiri con el que me crucé este fin de semana en Madrid, lo que me extrañó es que fuera sólo, no sé, a lo mejor le dejaron tirado sus colegas.

Yo califico los pedos (de borrachera, no de cuescos) en tres tipos: los depresivos, los violentos y los graciosos. Afortunadamente en este caso estaba en el tercer grupo. Cuando le vi a lo lejos se cruzó con una viejuna que iba con su perrillo, el animalillo, de raza perro patada, comenzó a ladrarle (como hacen con casi todo el mundo) y el guiri en vez de soltarle cualquier improperio intento hacerse amigo de él. Para ello se puso a cuatro patas y le empezó a ladrar, el perrillo hizo lo mismo, fijaros que por un momento hasta pensé que estaban comunicándose entre ellos. Pero al final, la viejuna acabó cortando el rollo cogiendo al perrete y pirándose de allí a pesar de los ladridos de pena del guiri.

Vuelta a su forma humana, el guiri decidió fumarse un cigarrito, cogió el tabaco sin problemas pero tuvo la mala suerte que al sacar el mechero del bolsillo se le cayó al suelo. Vaya, ahora tendría que agacharse, y es lo que hizo pero tuvo de nuevo la mala fortuna de que a causa de un movimiento de tierra bajo sus pies, cayó de culo. El tío se descojonaba mientras tirado en el suelo se estiraba para activar los músculos, ya que iba a necesitarlos para volver a ponerse de pie de nuevo. Primero, con mucho esfuerzo se puso a cuatro patas y luego, a pesar de que las piernas le tambalearon un poco, consiguió sostenerse de pie. Y qué mejor para celebrarlo que metiéndose en un bar a tomarse algo.

Ahí es donde le perdí la pista pero seguro que aún le quedaba noche para disfrutar.

jueves, 18 de junio de 2009

Barcelona, bicis y los callos del señor Manolo


Lo prometido es deuda, así que hoy toca hablar del ya lejano puente, aunque sólo hayan pasado cuatro días desde que estaba tan feliz sin trabajar (tampoco me quejo que este finde me voy a Alicante). Lo cierto es que por muy increíble que pueda parecer, no hice ninguna de las mías, me lo pasé estupendamente y desconecté un montón.

Pero como podéis suponer, esté donde esté ahí habrá una viejuna dispuesta a protagonizar un post en este cutreblog. Y allí estaba la viejuna de turno junto a dos viejunas más, el marido de una de ellas, y una chica joven que no sé que pintaba, sentados en la terraza del bar más cutre de toda la calle. Y cómo no, si hay 30 bares con terraza el Chasky siempre acabará en el más cutre salchichero: “El bar Manolo”.

Pues eso, que estaban los viejunos con la jovuna cenando algo tan ligero como unos garbanzos con callos, tan felices ellos:

- María, si es que pareces otra, no sé, no me hago a tu cara ahora – le dice el marido a la que debía ser su mujer.
- Pues así estoy más hermosa – le responde.
- Sí, tú crees que a estas alturas porque te quites el bigote vas a estar más hermosa, jajajajja – se descojonaba el hombre.
- Ain, anda que cómo eres – salió la jovuna en defensa de la mujer.
- Jjajajaja, aunque la mona se vista de seda, mona se queda, jjajajajaja, seguía partiéndose el culo el viejuno.

En esto que pasan dos bicis por la acera, estando a punto de atropellar al bueno del Manolo que acababa de llevar una cerveza y una fanta naranja a unos guiris (que por cierto le habían pedido primero cava, les puso una cara que era un poema). Los de las bicis siguen para adelante y todos nos quedamos diciendo que ya les vale, teniendo el carril bici al lado. Pero todavía faltaba por hablar la más viejuna de la terraza, que rondaría los 70, muy prudente ella terminó de masticar bien los callos antes de gritarles a los bicicleteros: “¡¡¡Como me levante os parto la cara!!!”.

Upppsss...

Todos nos quedamos boquiabiertos, ¿a qué venía ese ataque de ira?, ¿quizás fue la excesiva injesta de intestinos de cerdo, o acaso la señora tenía rabia contenida por algún motivo? Lo que sí senti fue terror, estoy seguro de que aquella señora les hubiera dado dos manguzadas al que se hubiera puesto delante. En cualquier caso después todos nos reímos, incluídos los guiris que lo debían estar flipando con el espectáculo.

Por cierto, jamás he comido una tortilla de patatas tan mala como la del señor Manolo.

Y ya por último aprovecho el post para decir que también vi como robaban en el metro a unos guiris, y enseñaros una foto que hice a una bici navideña cerca de la Sagrada Familia.


martes, 26 de mayo de 2009

Los viejunos no pueden conmigo


Después de quince días desde que se me fue la rodilla para Albacete, parece que va respondiendo, aún de vez en cuando me da un latigazo pero esto marcha a mejor.

De todas formas tampoco está la rodilla como para forzarla en exceso y me voy a contener de momento de irme a correr, quizás el jueves o viernes ya empiece a trotar durante diez o quince minutos, pero de momento prefiero ser cauto. Lo que pasa es que estoy que me subo por las paredes (aunque de los diez días de reposo que me dijeron sólo estuve 5) así que ayer, después del curro, me piré a andar una horita en plan viejuno.

El lugar elegido fue el mismo parque al que voy a correr y al que también van los viejunos y viejunas a darse buenos paseos. Y lo cierto es que después de 52 minutos y 6 km. recorridos yendo a toda leche, puedo decir que no me pasó ni uno de ellos, mientras que yo los adelantaba a puñados. Así que al final terminé de andar con la moral por las nubes porque estaré jodido pero ayer en el parque, de los andarines (y no todos son viejunos) fui el mejor de todos.