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domingo, 20 de junio de 2010

La Trolacas de la cocina


Esta semana he estado totalmente ausente del mundo blogueril por una cuestión de prioridades. Y es que en teoría el martes debía tener la cocina del piso totalmente montada, a excepción de la encimera. Pero por alguna extraña razón el metro que utilizó la tía de las cocinas, a la que a partir de ahora vamos a llamar La Trolacas, no tenía las rayas de los centímetros a la misma distancia que la de la mayoría.

Así que allí llegaron los montadores de la cocina el martes, se pusieron a montar y por alguna extraña razón 12 centímetros que debería haber allí se habían esfumado, ya no cabía una campana de 70, ni un costadillo a la derecha de la nevera para que pudiera abrirse la puerta sin chocar con la pared. Además un mueble visto iba por fuera sin forrar y en parte de otro ocurría exactamente lo mismo, por último otros dos muebles no podían abrirse del todo porque el tirador de la puerta chocaba con una pared. Por su puesto, se lo dijimos a la Trolacas pero ésta en vez de reconocer su error dijo que estaba bien medido y que lo de la nevera no pasaba nada, que se abriría sin problemas, lo de la campana que no podía ser y que lo de los muebles en blanco por fuera deberíamos haberla dicho el color que queríamos poner.

En fin, que dejó la tienda, fue a medir y una vez medido seguía sin reconocer su error hasta que se montó la bronca. Y así hemos estado prácticamente toda la semana, el jueves fuimos a hablar con la tipa con malas intenciones, ya íbamos con nuestro escrito preparado por si era necesaria la hoja de reclamación y estábamos dispuestos a llegar donde hiciera falta porque no pensábamos soltar un duro más. Sin embargo cuando llegamos lo que anteriormente habían sido malos humos y el no reconocimiento de sus errores ahora todo era calma y buenrollismo, quería llegar a un acuerdo. Y llegamos a él, nosotros tuvimos que ceder en algo y ella en mucho, así que más o menos conformes.

Ahora a esperar a que la encimera quede bien y algún otro detalle que todavía tenemos pendiente para olvidarnos de esta sinvergüenza.

sábado, 5 de junio de 2010

La viejuna en busca del bollo gratis


Luego que si me meto mucho con las viejunas, pero es que cada día me dan más razones para hacerlo. Sin ir más lejos, hoy bajo a la panadería a comprar el pan y delante estaba una de estas viejunas hablando con la dependienta.

- Oye, ¿no sabrás tú dónde hay aquí un sitio en el que si compras una barra de pan te regalan un bollo? – le suelta la viejuna.
- Mmmmm, pues no – le dice la dependienta después de reflexionar durante dos o tres segundos.

Mi bollo favorito es el pepito de crema

Pero vamos a ver, ¿a quién en su sano juicio se le ocurre preguntar en una panadería por otra en la que te regalan un bollo? Es que aunque la chica supiera esa otra panadería, si tiene unas mínimas luces, no se lo iba a decir porque sería echar piedras sobre su propio tejado.

jueves, 27 de mayo de 2010

¿Qué pasa que aquí no come nadie?


El centro de Madrid entre semana y a partir de las 12 del mediodía es un hervidero de gente repartiendo papelotes de restaurantes en los que llenar la barriga. Sin ir más lejos, ayer dando una vuelta en mi descanso de 15 minutos alrededor del barrio de las letras pude llenarme las manos con 6 panfletos distintos.

Como comprenderéis a estas alturas ya tendría suficientes alternativas para elegir un lugar para comer, demasiadas opciones me aturullan y atoran mi sistema decisorio. Así que al pasar al lado de otro repartidor y ofrecerme la octavilla le dije “No, gracias”. El señor que ya debía estar harto de pasar calor, gritó saliéndole del alma: “Joder, ¿qué pasa que aquí no come nadie?”.

Yo seguro que no iba a comer ni en su restaurante ni en ningún otro porque en el curro me esperaba mi táper relleno con la suculenta lasaña de mi madre.

En las terrazas de la Plaza de Santa Ana los guiris se cangrejean al sol

lunes, 29 de marzo de 2010

Tengo un intestino cojonudo


Después de un fin de semana en Burgos con una dieta basada en gran medida a base de carne, hoy en el curro he podido comprobar que poseo un intestino bastante largo. No sé a vosotros, pero a mi la carne me estiptica, esto es, me produce estreñimiento. Generalmente prefiero comerla en su justa medida, y si me doy un atracón de carnaza después lo compenso con algo de verdura, pero hay veces que esto no es posible.

Y así ha ocurrido hoy, después del fin de semana carnívoro he desayunado unas tostadas de tomate con aceite, a media mañana mis galletitas de cereales con un té y para comer pasta. Resultado a la hora de terminar de comer: una terrible presión en la parte baja del intestino grueso o también llamado ojete. Pues bien, el tema está en que me he sorprendido a mi mismo de la capacidad y longitud de mi intestino, algo extraordinario, igual que lo fantásticamente bien que traga el váter del curro.

Creo que en 30 años de existencia jamás había visto algo así. Si alguien quiere detalles no tiene más que pedirlos.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Adivinando comidas en el tren (2/2)


En el post anterior:

- Blablabla…

(quien quiera saber de qué va este post que se lea el anterior si aún no lo ha hecho)

- A mis hijos lo que les gusta mucho son los nubes, compro una caja y se los comen de una sentada para cenar - decía la misma señora protagonista de la primera parte de esta entrada.

Los nubes, no las nubes

Como podéis ver la señora continuó jugando a las adivinanzas con sus amigotas, repartidas por el tren, provocando que todos en el vagón jugásemos obligados.

- ¿Los qué? – le preguntó la amiga que estaba a su lado.
- Los nubes.
- ¿Qué nubes, eso qué es? – la preguntó otra de sus amigas.

¿Alguno de vosotros ya lo ha adivinado? ¿No? Bueno sigamos con más pistas:

- Son de pollo y están rebozados, se llaman nubes, ¿no?

Esta pista ya fue definitiva y las amigas lo pillaron rápido:

- Los nuggets (pronunciado tal como se lee: nuguets), jajajjja – se partían el culo todas al adivinar de qué se trataba.
- Eso, hijas es que les ponen unos nombres más raros a las cosas..., jajajjaja.

Así estuvieron, descojonadas de la risa impidiendo a la gente concentrarse en la lectura, y seguían, cuando yo me bajé en mi parada, dándole vueltas a la biterguá y los nubes.

lunes, 19 de octubre de 2009

Adivinando comidas en el tren (1/2)


Muchas veces por la mañana cuando vas a currar en el maravilloso transporte público te encuentras a un grupo de señoras hablando de sus cosas. Y muchas veces, a parte de criticar a fulanita y menganita, hablan de comidas, de lo que zamparon el día anterior, de lo que van a cenar o de lo que van a preparar para el fin de semana. La mayoría de las veces no presto atención a sus conversaciones puesto que a parte de interesarme poco, tienen poca chicha para hacer un post sobre ellas. Sin embargo, a la que tuvo lugar ayer no pude escapar: primero porque eran cuatro señoras desparramadas por el tren y para hablar entre ellas debían hacerlo a gritos, daba igual si todo el mundo se enteraba de lo que hablaban o si molestaban; y segundo porque jugaron a las adivinanzas.

Fue bastante divertido ver cómo todo el tren que oía a las señoras se devanaba los sesos intentando adivinar cuál era la comida que probó una de ellas en el verano.

- Pues en el hotel de la playa probé un plato que me gustó mucho – decía la viejuna.

Un estofado de lengua pensé yo, porque era indudable que la suya la tenía muy entrenada para darle al palique. Pero sigamos con la segunda pista de la señora:

- ¿Cómo se llamaba?, lo tengo en la punta de la lengua, mmmm, ¡¡¡biterguá!!!
- ¿Biterguá? – preguntaron al unísono sus amigas y dentro de sus cabezas parte del tren.
- Sí, creo que se llamaba así, biterguá.

Si buscas biterguá en google no aparece ningún resultado, nadie ha usado esta palabra ni ha colgado una imagen con este nombre, ¡voy a ser el primero!


Como veis incluso con una pista como el nombre del plato nos costó adivinar de qué se trataba, menos mal que siguió dando pistas:

- Es un plato parecido a la paella pero con fideos gordos, estaba muy rico – continuó la señora.
- ¡Fideuá! – gritó la señora más sabionda, descifrando por fin el enigma.
- Eso, que no me acordaba bien del nombre, jajajja, pues a ver si lo hago un día porque blablabla…

viernes, 16 de octubre de 2009

Cervezas de colorines


Muchas veces la comida o la bebida nos entra por los ojos, de eso no hay duda, pero lo verdaderamente decisivo es el sabor. Que conste que me gusta probar comidas y bebidas nuevas, sin embargo no me veo comiendo una paella azul o un filetaco verde. Por eso aunque los japos hayan añadido colorantes a la cerveza y digan que le han dado un fantástico toque de sabor, me quedo con la rubia y la negra.

Cerveza con sabor a flores del campo

Cerveza con un toque de hierbajos silvestres

Cerveza con un toque de anticongelante

martes, 28 de julio de 2009

Noveno meme (o premio) del año


Silvia me ha elegido como uno de los candidatos a continuar con un meme que consiste en decir el peor sitio en el que hayas comido.

El caso es que aunque pueda parecer mentira este es el primer meme que me deja pensativo y casi sin palabras. Pues sí, amigos lectores, no sé qué contestar. Me gusta cualquier tipo de comida, desde el solomillo de buey que me he zampado este sábado, pasando por el delicioso cochinillo que me comí la semana pasada en Arenas de San Pedro, una ricas verduritas a la plancha, el salmorejo me encanta, la pasta cocinada de todas las maneras, el arroz a la cubana, la fabada, una ensalada fresquita, el emperador a la plancha, una merlucita blanca de pincho, una paella, una ración de oreja bien fritita a la plancha, un bocata de calamares de la Plaza Mayor de Madrid, esos pescaítos fritos del sur, garbanzos con callos, guisantes con jamón, ensaladilla rusa, tortilla de patatas con pimientos rojos asados…

Y aunque es cierto que no en todos los restaurantes se come igual, yo puedo disfrutar con todas las comidas, me encanta comer y no soy para nada selectivo, como de todo y no hago ascos a probar cosas nuevas. De hecho sería capaz de comerme cualquier tipo de bicho por muy raro que fuera. Así que lo siento Silvia pero no recuerdo ningún sitio donde haya comido especialmente mal, supongo que habrá alguno pero mi neurona no lo encuentra entre la cantidad de chorradas que tengo en la cabeza.

Eso sí, si alguno quiere contarnos el peor lugar donde haya comido que se dé por invitado a continuar el meme.

domingo, 12 de julio de 2009

Placeres para mi estómago: las filloas


Este domingo estuve zampando en un restaurante gallego, todo estaba muy rico pero rematamos la jugada con un postre que nunca había probado pero que me encantó: las filloas.

Estas en concreto iban rellenas de crema pastelera, supongo que sólo así estarían riquísimas pero para hacerlas aún un poco más exquisitas llegó el camarero con un vaso de orujo que echó por encima, a continuación le prendió fuego y a esperar a que el alcohol fuera desapareciendo. Bueno, no os podéis imaginar lo rico que estaba aquello, con deciros que se me caían las lágrimas de pena cuando nos las acabamos.

Menos mal que quedaba el remate final. Cogí todo el liquidillo que quedó en el plato y me lo eché a la taza donde me había bebido el café, ufff, eso sí que estaba también para llorar. El orujo había perdido casi todo el alcohol, con el azúcar y algunos posos de filloa aquel brebaje se había transformado en ambrosía, que paladeé de forma muy placentera.

domingo, 24 de mayo de 2009

Malditos pimientos infiltrados


Ayer me acordé de todo lo acordable cuando un diminuto pimiento de padrón me destrozó la lengua y la garganta. A los pimienticos estos se les podría comparar con las personas, aparentemente todos son buenos pero hay aproximadamente un 10% que son unos hijos de… su madre (humana o pimiento según el caso).

Fijaros que fino me he vuelto que no he dicho que son unos hijos de puta
.

El caso es que los pimientos estos son unos traidores, adoptan el mismo tamaño y color que sus vecinos buenos, que por cierto bien ricos que están, para clavarte una puñalada trapera. Y precisamente ayer la sentí que se me clavaba hasta dentro porque me dejó insensible la boca y la garganta durante un buen rato, sensación que no cambió a pesar de beber agua, comer pan o filetaco.

Pensándolo bien, en vez de retorcerme de picor y quejarme, aprovechando la insensibilidad que tenía en aquel momento, debería haberme comido todos los pimientos y así matar a los traidores que quedaran.

viernes, 22 de mayo de 2009

Patata Frita y su alimentación


Debido a los problemas de comunicación entre el bicho extraterrestre y yo, una de las cosas que más me costó fue averiguar sus preferencias alimenticias. Ya estaba demasiado delgado a causa del largo viaje como para estar mucho tiempo sin comer, se iba a consumir en nada de tiempo, como una lata de cerveza fresquita en verano.

Mis conocimientos sobre seres de otros planetas eran bastante limitados así que comencé a buscar en lo más hondo de mi memoria algunas pistas que me ayudaran a saber qué podrían comer los extraterrestres.

Lo primero que me vino a la mente fueron los ratones que se tragaban los de la serie V. Así que, aprovechando que tenemos un hámster en casa se le acerqué a ver cómo reaccionaba y si al menos salivaba un poco. Pues nada, que no hizo ni puto caso al roedor. Estaba claro que no venía del mismo planeta que los lagartos nazis de la serie.

Lo siguiente en lo que pensé fue en gatos, esto no podía fallar, es sabido por todo el mundo que a los extraterrestres les gustan los gatos. Recordad cómo Alf iba detrás de Lucky, el gato de la familia Tanner a pesar de que Willie le regañaba una y otra vez cada vez que tenía la tentación de zamparse a la mascota. Sí, recordé aquellas escenas y estaba claro que a mi extraterrestre le tenían que gustar los gaticos, lástima que no tuviera ninguno a mano. Así que lo que hice fue llamar al vecino de al lado para que me dejara un momento a su gato Chimichurri. ¿Pero para qué le quieres? – me preguntó. Para una cosa, tranquilo que no le va a pasar nada – le dije para tranquilizarle, aunque si el bicho verde se abalanzaba sobre el gato no sé si podría contener su ansia depredadora. Pero nada de esto ocurrió, el gato bufaba al extraterrestre, mientras éste parecía acojonado de miedo.

La cosa se estaba poniendo fea, no tenía en mi memoria más datos sobre qué comen los seres de otros planetas. Pero cuando estaba ya dándolo todo por perdido recordé un vídeo que vi hace mucho tiempo en Youtube, en él aparecía un Klingon diciendo a los niños que comieran muchas hamburguesas, que el Happy Meal era sanísimo y no tenía casi calorías, él se comía todos los días cuatro o cinco y estaba fuerte como un toro plutoniano.


Era mi última esperanza así que me bajé al McDonald’s a comprarme un Happy Meal, se lo puse delante y asombrado comprobé como lentamente cogía una patata frita, y así poco a poco mató todas. Lo que no hizo fue probar ni la hamburguesa ni la Coca-Cola, tampoco se comió el juguetito, pero lo que al menos tenía claro es que las patatas fritas le gustaban. Desde ese momento decidí llamarle Patata Frita, y parece que le gustó porque para celebrarlo se echó un buen buchito de Varon Dandy, la colonia de los hombres con pelos en el pecho.

jueves, 9 de abril de 2009

Sal con pipas


El otro día digo: me apetecen unas pipas, así que fui a inspeccionar armarios a ver si encontraba una bolsita. Y efectivamente, la encontré. Como podéis ver en la imagen en la bolsa pone que son pipas con sal, no hay dudas de que en el interior hay pipas y hay sal, aunque tampoco hubiera hecho falta ser tan bestias con la sal, porque se supone que debe ir adherida a la cáscara de las pipas, no ir a su bola.

Fijaros en que además de pipas, la sal también quiere ser la protagonista

Además algunos malpensados podrían considerar que la referencia de la bolsa a su contenido no es del todo cierta, y podrían montar un pollo al fabricante. Quizás lo mejor es que el producto se llamara así:


Por cierto, he visto por ahí que hay pipas con sabor a bacon. No se a dónde vamos a llegar.

martes, 24 de febrero de 2009

Que levanten la mano los cabezones


Si habéis levantado la mano los que tenéis la cabeza como una sandía de grande podéis bajarla porque no me estaba refiriendo a los de amplia circunferencia melonar, sino a los testarudos. Pues si os consideráis cabezones seguro que no es nada comparado con una señora surcoreana de 68 años que ha decidido sacarse el carné de conducir.

La viejuna, que según he leído se apellida Cha, si se llamara Cha y su segundo apellido fuera Cha sería genial (para los corticos = Cha Cha Cha; acepto insultos por el chiste tan malo). El caso es que la señora se ha presentado al examen teórico 772 veces, todos los días del año, excepto festivos, desde el 2005 para nada. Para aprobar la prueba necesita obtener al menos 60 puntos sobre 100 y ella se viene quedando entre 30 y 50, y ya sabemos como son esta gente de Tráfico, aunque saques 59 puntos no te dejan ni ir a revisión a que les llores un poco para aprobarte.

La pobre tiene un carrito de comida y chucherías varias y, según dice, si tuviera una fregoneta daría un impulso a su negocio, aparte de que no se deslomaría arrastrando el carro. Pero por otro lado me temo que a este paso se desloma por completo antes de que se saque el carné, no me quiero ni imaginar las veces que necesitará presentarse al práctico si algún año consigue aprobar el teórico.

La señora, en sus tiempos mozos, con su carrito de comida (fabricada por ella misma con animales callejeros). Cuando prueban sus perritos calientes la gente dice: ¡¡¡Guau Guau, qué rico!!! (segundo chiste malo, ahora sí, apedreadme)

Además como dato curioso, la viejuna ya se ha gastado 3.000 dólares, que no parece mucho pero si lo transformamos a wons (moneda surcoreana) estamos hablando de 4.478.031,51 wons. Una pasta gansa que por ejemplo podría haber empleado la señora en un masajista cachas para masajearle el lomo todos los días después del curro.

Visto aquí.

martes, 6 de enero de 2009

No te quitarán más el sandwich de mortadela con aceitunas


El otro día un primo nos contaba cómo unos niños le quitaban el sandwich, que cada mañana se llevaba un tal Matías, para comérselo en el recreo.

Pues bien, ya hay solución para eso sin necesidad de enfrentarte a ellos y al final llevarte una paliza. Sólamente hay que pintar una bolsa de plástico de esas que te dan ahora en los aeropuertos con un rotulador verde.


Y fijaros en el resultado, un sandwich con moho nada apetecible. Seguro que los malotes no se atreverán ahora a quitarte tu rico sandwich de mortadela con aceitunas.


Visto aquí.

domingo, 28 de diciembre de 2008

Días de comida y alcohol


Esto de la navidad es harto peligrosa para nuestra barriguilla. Entre unas cosas y otras cometemos un montón de excesos de los que luego cuesta librarse: comemos bastante más de lo que solemos hacerlo, la ingesta de dulces es incontrolable y el alcohol está presente en cualquier comida o cena, por no decir en esas noches del 24 y el 31.

Cinturón-metro para controlar el aumento de nuestra barriga

¿Pero qué podemos hacer para no tener que autoproponernos la obligación de ir al gimnasio el año que viene?, ¿alguién tiene una respuesta?, es que está tan rico todo que es imposible privarse de las deliciosas viandas que se sirven en mi casa estos días.

Ya habrá tiempo de preocuparse el año que viene si no me caben los pantalones. Por cierto, ayer tiré unos que reventaron a la altura del culo, mi hermano dice que es por los gases pero no tengo yo muy claro que puedan rajarse por ese motivo.

Entre lo del eructo y ahora lo del agujero en el pantalón estoy dando una imagen lamentable.

sábado, 22 de noviembre de 2008

Los sándwiches del Rodilla


Tengo una amiga, muy amiga, a la que le encantan los sándwiches del Rodilla (para los que no los conozcan son unas franquicias especializadas en sandwiches). Pues sí, están buenos pero a mi al menos no me quitan el hambre. Creo que podría comerme quince o veinte tranquilamente, lo cual me saldría por un ojo de la cara. Pero no os creáis que es una barbaridad, está al alcance de todo el mundo.

Este es un ejemplo de un sandwich de nosequé del Rodilla

Están muy ricos, eso no lo niego, pero que te cobren 1,15 por medio sandwich es un poco robo, ¿medio sandwich digo?, no es ni un cuarto de sandwich. Realmente el pan está relleno sólo por la parte que se ve, el resto está vacío de sustancia, sino fijaros en lo que os comeríais si quitaramos al pan sin nada por dentro.

Media luna de sandwich

¿A qué ahora sí que os comeríais todos quince o veinte de estos petit sandwiches? Donde esté el sandwich de cuatro pisos que me he comido hoy para desayunar, que se quiten estos engañabobos.

domingo, 16 de noviembre de 2008

Se me resiste la oreja


A veces por casualidades de la vida hay algo que se nos resiste, no sabemos muy bien cuál puede ser la razón (o ración en este caso) pero por una u otra cosa no consigues lo que llevas persiguiendo durante bastante tiempo; al final decides no darle más vueltas y acabas pensando que llegue el momento cuando tenga que llegar.

Este es el caso de mi persecución por comerme una buena ración de oreja a la plancha, desde hace tiempo tengo antojo pero se me resiste. Un día, así de repente, pensé (fijaros la importancia del hecho: ¡pensé!): "Pues me comería una orejita a la plancha que hace mucho tiempo que no la cato". Así que como me quiero mucho, y en la medida de mis posibilidades me doy los caprichos que puedo, convencí a una amiga y me fui con ella a un mesón famoso por su oreja. Nos sentamos y nos dicen que se les ha acabado el manjar porcino, la última ración la habían puesto a una mesa cercana a la nuestra. Primer fiasco.

Mirad que pinta tiene esta oreja

Un par de semanas después, fui a otro sitio donde también ponen la oreja muy rica. Llego y me lo encuentro cerrado por traspaso de negocio. Fiasco número dos. Esta semana he vuelto al mesón al que fui por primera vez, porque digo yo que en algo más de un mes habrán tenido tiempo de comprar oreja. Pues que sepáis que siento fastidiaros la "Ley de a la tercera va la vencida", es una absoluta gilipollez, no es ni siquiera capaz de cumplirse con las raciones de oreja. El señor dueño del mesón no tenía de nuevo, ¿qué hace el tío, se la come nada más comprarla?, mmm, eso explicaría el porqué está ternesco...

El caso es que he decidido que ya paso de ir a buscar a la oreja, si quiere ser comida que venga ella a buscarme.

martes, 22 de abril de 2008

Hamburguesas enlatadas

Si hay un producto por el que hemos sido engañados constantemente por la publicidad esas son las hamburguesas. En los anuncios de televisión o en los pósters de las hamburgueserías parecen fantásticas, sin embargo luego cuando te las dan para nada se asemejan a las de la publicidad.

Pues me parece que algo similar ocurre con esta hamburguesa enlatada que podéis comprar en una página alemana de trekking al magnífico precio de 3,95 euros.

La pinta de la hamburguesa de la imagen es fantástica pero me gustaría saber qué te encuentras dentro de la lata al abrirla: me temo que la lechuga, el tomate y la cebolla estarán un poco chucurríos, el queso seguro que tendrá vida y la carne y el pan a saber cómo nos los encontramos. De todas formas de momento me voy a quedar con las ganas porque los que comercializan este "manjar" aún no hacen envíos a España, pero todo llegará.

lunes, 18 de junio de 2007

Frikis, bravas y alcohol

Antes de contaros mi viernes por la noche, que es de lo que trata el post, me gustaría felicitar al Real Madrid por ganar la liga y a continuación señalar que me la suda que la haya ganado.

Pues bien, el viernes celebramos la cena de despedida del equipo de furgol hasta la temporada que viene, un descanso merecido en una temporada para olvidar. Lo más destacable de la cena fue que se nos quitó el hambre de tanto esperar (a las 23.30 empezamos a zampar) pero sobre todo sobresalieron unas ricas patatas bravas. Las patatas en si estaban muy buenas pero nuestro amigo dueñodebarhijodeputarastrerosacacuartos tuvo la estupenda idea de utilizarnos como conejillos de india probando su último y macabro invento gastronómico. Una salsa capaz de despertar a mi compañero jamao cuando le entra el sopor y la modorra de después de comer. Las patatas eran dos salsas, una parte con mayonesa y la otra con esa salsa despiertamuertos, evidentemente dejamos todas las patatas rociadas con la última, se lo dijimos pero nos respondió con una sonrisilla cabrona. ¡¡¡Hijoputa como luego me escueza el ojete te quemo el bar!!!

A continuación nos fuimos de copillas, como el Dios de los Frikis manda, estuvimos en un garito genial y como chaparon a las 3 nos fuimos a otro, con una media de edad bastante alta pero no muy concurrido por lo que podíamos estar a nuestras anchas. Allí los bailongos pudieron lucirse mientras los sujetabarras observábamos lo que se cocía a nuestro alrededor y a la vez nos cociamos nosotros mismos.

Foto de uno de los de los bailongos del equipo hecha con mi cámara mágica que saca lo que cada uno lleva dentro, evidentemente el Roy lleva un monstruo en su interior

Además como cualquier pub de clase que se precie, estaba el friki de turno, viejuno de 45 tacos aproximadamente, borrachillo y con coloretes, bailando con un estilo muy particular y haciendo gestos para llamar la atención del grupo de mozas situadas en el otro extremo. Él era feliz y ellas se reían un rato con semejante personaje, así pues, todo perfecto; al final nos fuimos que el metro acababa de empezar y uno necesita cubrir sus necesidades de sueño también. Me pregunto si al final el friki solitario entraría a las tías, probablemente no.

miércoles, 30 de mayo de 2007

Banquete de almóndigas

Como sabéis curro por la mañana en un lado y por la tarde en otro, trabajo con mi compañera María en ambos sitios y solemos comer generalmente en el segundo curro, en una habitación que nos sirve de cocina y comedor. Ayer era el cumpleaños de dos compañeros y ya el día anterior nos recordaron que iban a invitarnos a comer, llevarían un poco de embutido, unas tortillas, en fin algo para picar y un par de tartas. Sin embargo a María se le olvidó y se trajo comida de casa, en concreto un táper de almóndigas (sí, digo almóndigas porque la RAE también reconoce la palabra y sin duda saben mejor que las albóndigas).

Terminamos de trabajar a las tres y hasta las tres y media no llegamos a la cocina que antes os mencionaba y en la cual devoramos la comida que llevamos todo el día en nuestra mochila. El caso es que a eso de la una yo estaba que me moría de hambre, “¡¡¡uffff que regomello tengo!!!” – no paraba de decir hasta que ya harta, María me dijo: “pues si quieres puedes comerte mis almóndigas”. Me lo pensé un poco pero finalmente accedí a ello con la condición de que me acompañara a semejante festín; ella, en una situación gástrica similar a la mía, es decir, salivando ya con la solo idea de echarse una almóndiga al gaznate no se lo pensó mucho y dijo: “al ataqueeeeeeee”. He de apuntar que tenemos la suerte de disponer de un despacho para nosotros solos.

Aquí las protagonistas del post

Pero había un problema, bueno más bien un pequeño escollo que separaba a las almóndigas de nuestras bocas salivantes y era que no disponíamos de tenedores, evidentemente el hambre es más poderoso que las buenas maneras y los dedos son unos perfectos utensilios para enganchar bolas de carne picada. Y allí nos pusimos los dos a comer almóndigas con unas estupendas patatas fritas cortadas en daditos que servían de perfecta guarnición. Entre bocado y bocado soltaba expresiones como: “ufff que ricas están”, “joder que hambre”, “a tu madre habría que hacerle un monumento por lo bien que cocina”.

En este momento de éxtasis llaman a la puerta, se me resbala una almóndiga que intentaba pescar, mi compañera cambia el color de la piel hacia un tono rojizo y yo me quedo petrificado. “Hola chicos, venía a comentaros que…” – dice la jefa entrando en el despacho. No sabemos qué hacer, hay un momento de tensión, me resbala un goterón de sudor desde la coronilla hasta el cogote y solo a mi se me ocurre decirle a la jefa: “¿Quieres una almóndiga que están muy ricas?”. Ella se me queda mirando y me responde: “No, muchas gracias, voy a comer dentro de un rato”. Al final nos explicó una cosilla y se marcho mientras yo volvía a dirigir la mirada hacia la almóndiga que antes huyó entre mis dedos, ya habrá tiempo después de pensar en el ridículo hecho.