Estaba hoy en el metro rumbo al curro cuando entra una señora de alrededor de 60 años y se sienta a mi lado. No lleva el móvil en la mano escuchando música a toda leche, no huele mal y tampoco invade mi espacio vital así que perfecto. Perfecto a priori.Aquello que parecía un viaje donde iba a poder leer tranquilamente se convirtió en una tortura, así que mi consejo de hoy es que no os fiéis de las apariencias. Las primeras paradas con aquella señora al lado pasaron volando, estaba totalmente metido en mi libro así que no me enteraba de nada de lo que ocurría a mi alrededor. Pero llegó un momento en el que comencé a sentir el brazo congelado, parece que también es casualidad, uno de los pocos días que llevan puesto el aire acondicionado en el metro y encima tengo a una tía al lado abanicándose (y abanicándome).
Sin exagerar, tenía el brazo helado y con la piel de gallina de la ventisca a la que se veía sometido, y no de aire caliente como suele suceder, en este caso gracias al aire acondicionado lo que me llegaba era aire frío. Comencé a mirarla, a fijar mi atención en su puñetero abanico negro con flores, la miré nuevamente para ver si se daba cuenta que tenía el punto de mira desviado y que no quería recibir aire fresco; y vaya si se dio cuenta de ello: dos segundos después aumentó la velocidad de su objeto del infierno y ya no sólo helaba mi brazo derecho sino que ahora un chorro de aire frío era proyectado a un ritmo constante cada medio segundo por todo mi cuerpo. ¡¡¡Me cago en la puta vieja, en sus putos calores y en su puto abanico!!!
Finalmente llegué a mi destino, bajándome con un carámbano colgando de mi nariz y con un frío atroz; además fue estupendo el contraste con la temperatura de la calle. Y nada más llegar al curro me dicen:
- Hostias Chasky, ¿qué te ha pasado en el pelo que lo tienes pa un lao?
Así da gusto comenzar el día, pero lo peor es que después de comer empezó a dolerme la garganta y ahora tengo un ejército creciente de mocos haciendo una orgía en mi pobre garganta, reproduciéndose mientras adoran a un abanico negro con flores.











Y una leche absorve la piel eso en seguida, ibas con una capa blanquecina sobre ti y haciendo el ridículo en la playa, todo el mundo decía: "Mira un niño-crema"; sí, era un niño crema pero por poco tiempo porque rápidamente le daba una lección a mi madre. Me tumbaba en la arena por arriba, por abajo, de lado y daba una voltereta, resultado: pasaba de ser el niño-crema a ser el niño croqueta. Ahora la gente decía: "mira un niño-croqueta". Mi madre me miraba pensando que lo había hecho a posta:







