Supongo que más de uno habréis visto alguna vez a gente disfrazada en la calle haciendo de estatuas, es muy común encontrártelos en los lugares más transitados de las ciudades. Además los hay disfrazados de cualquier cosa (tíos a los que parece se los está llevando el viento, hombres de barro, pistoleros del lejano oeste...) y generalmente cuando les dan un dinerillo se mueven o hacer alguna gracia.De verdad, me impresionan estas personas capaces de estar tanto tiempo paradas, para mi sería algo imposible porque en seguida me empezaría a picar el culo y me tendría que mover, seguro que terminaría atacado de los nervios. Lo curioso es que casi todos los que se arremolinan a su alrededor son turistas que parece que cualquier cosa es digna de mirar con atención (que conste que nosotros cuando nos ponemos el traje de turistas somos iguales). Todo esto viene a cuento de que el otro día iba yo paseando por la Plaza Mayor y había un tío estatua vestido con colores dorados y simulando tener debajo de sí un caballo, lo que hace cuando le echan pelas es emitir algo así como un relincho con un aparatejo que tiene metido en la boca.
Ya le había visto alguna vez pero en esta ocasión estaba haciendo algo diferente. El caballo era como una forma de caja que se abre por la mitad, pues bien el señor estatua lo sujetaba con una mano mientras que con la otra sostenía una botellita a la altura de la pilila, la cual llenaba con meado calentito. Y cómo no, unos cuantos turistas arremolinados en torno a él para ver lo que estaba haciendo pero como muchos no lo tenían claro saciaron su curiosidad sin disimulo, una señora se asomó para ver que guardaba en el interior del caballo-caja medio abierto. Al presenciar el gusanillo meón a pocos centímetros pegó un salto hacia atrás y le entró una risa floja.
En fin, que es duro trabajar cara al público porque hay clientes que mandarías a la mierda muy pronto, mear tranquilo debería ser un derecho universal.
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Ya, pero si te pones a mear en medio de la calle, metido en una caja, la señora tiene todo el derecho de saber lo que se está cociendo por ahí.
Además seguro que si las estatuas humanas merasen en mitad de la calle tendrían más afluencias de público y, por consiguiente, más ingresos.