jueves, 11 de diciembre de 2008

En la oscuridad de la noche II


Estaba en estas cavilaciones cuando las interrumpió otro fuego artificial, igual de paupérrimo que el que vi anteriormente. Oye, y si en vez de fuegos artificiales fueran cohetes o misiles, aunque no esté muy al día en temas políticos creo que no teníamos ningún enemigo como para ser atacados. Al escuchar una nueva explosión, el miedo fue en aumento, tanto que mi mente, hasta ese momento con casi nula actividad, comenzó a buscar explicaciones de manera frenética. Seguía mirando al cielo, esperando nuevos fogonazos y estos no tardaron demasiado en llegar, de hecho cada vez se hacían más frecuentes. En ese momento podía ver hasta dos resplandores a la vez, presentía que algo estaba ocurriendo pero desconocía el qué.

La tensión iba en aumento cuando de repente las luces se apagaron, tanto las de las farolas como la luz de todas las casas del barrio, dejando todo a oscuras. Lo que no cesaban eran los estallidos allá en el cielo, aumentando la frecuencia a un ritmo desconcertante. En un momento en el que las explosiones se sucedían continuamente presencié ráfagas de luz que salían del suelo de la calle, como si hubiera allí ubicadas defensas antiaéreas. ¿Pero qué había en el cielo que representaba una amenaza? Yo por más que mirara, sólo veía las luces provocadas por los estallidos de los supuestos fuegos artificiales, aunque cada vez tenía más claro que se trataban de misiles o algún tipo de arma similar.

Llegado este punto, y viendo que ocurriera lo que ocurriera yo no podría hacer nada, pensé que lo mejor sería cerrar todas las ventanas y persianas de la casa. ¿Qué iba a adelantar bajando a la calle a ver de cerca de dónde salía la artillería o presenciar el espectáculo lumínico asomado a la terraza? Así fue como, ayudado por una vela, comencé cerrando las ventanas y persianas de la terraza para continuar por el resto de habitaciones, terminando por último por la mía. Cuando estaba en ello se hizo el silencio, un silencio denso y frío, en contrapunto con el tremendo ruido reinante hace tan solo unos segundos y el sofocante calor de aquel verano. Por si acaso, a pesar de cesar los estampidos, preferí bajar por completo la persiana de mi habitación. Pensado fríamente no creo que aquello sirviese de mucho, si una bomba fuera a parar a mi piso ni las ventanas ni las persianas cerradas serían un escudo suficientemente sólido como para salvarme de sufrir daños. En cualquier caso, yo me sentía un poco más seguro.

6 comentarios:

Ricardo Astrauskas dijo...

Menos mal no viviste en Colombia, los ruidos ya no te asustan, y una explosión sin muertos ya no es noticia.

Lara dijo...

Yo sabía que no eran fuegos artificiales ¡lo sabía!!!! Ainssss.... estoy deseando que sigas.
Muuuuuacks!

Girl From Lebanon dijo...

Me tienes enganchada, eh? estoy deseando ver como sigue...y me alegra de que tu corazón esté tan contento ;)

Bss!!

Los Cuernos del Moises dijo...

Esto de que sea por entregas está bien para que sea más fácil de leer pero nos tienes en ascuas.

Anónimo dijo...

Mira, mira

Casandra dijo...

Ayyy, qué intriga!! Me da un poco de miedito lo de las explosiones, ¿eh? A ver cómo sale de ahí! :-S

UN BESITO!!