Los comienzos fueron duros, sobre todo para el primer habitante de la isla: el Morritos Macedonio, el pobre no sabía qué hacer y ponía caras de lo mal que allí olía. Sobrevivió a base de higos de mierda que crecían en árboles de mierda, para matar el tiempo y la soledad se masturbaba dejando la simiente esparcida por todos los rincones. A la semana llegó el cagón Gualberto, el pobre tuvo un problemón porque los higos de mierda le producían una cagalera cojonuda, de manera que estuvo esparciendo mierda por todos los rincones de la isla. Sin querer ambos lograron revivir la tierra de mierda de la isla y fertilizarla, de allí comenzaron a brotar plantitas que a la larga les proporcionaron comida de todo tipo: manzanas, peras, salchichas, cacahuetes o donuts. Poco a poco fueron entrando superfrikis.
Importante fue el momento en el que apareció por allí La Norma, una tía a la que le gustaba la marcha y dijo: "Toda la simiente para mi, vamos a pasárnoslo bien aquí". Craso error porque los árboles vieron disminuídos sus nutrientes y comenzaron a dar otro tipo de frutas tales como cáscaras de pipas, huesos de melocotones o higadillos de conejo. Aún así parecían no percibir el peligro: ¡podían perder su fuente de nutrientes por dejarse llevar por el instinto animal!. Aquello era un descontrol, cada uno iba a su bola y mataba el tiempo como podía hasta que le tocara el turno de avalanzarse sobre el cuerpo de La Norma, que no se movía de debajo de la sombra de un árbol con las patas abiertas. Menos mal que entró Morgana y puso orden, a partir de este momento las cosas cambiaron, se hizo con las riendas de la Isla y los árboles de nuevo volvieron a dar comida de la buena, incluso podías encontrarte algún chocolatero o gominolero.
Aquí el Jorgito y el Dimitri llevado troncos para construir el asiento de Morgana
Pero con la entrada de cada vez más frikis la cosa empezó a complicarse para Morgana, ya no le era tan sencillo controlar a los cada vez más numerosos superfrikis. Algunos comenzaron a poner en entredicho la forma de gobierno que Morgana llevaba con mano dura, por ejemplo no comprendían por qué no podían jugar a los bolos más allá de las 10 de la noche, bañarse en la piscina de lodo en pelotas o tararear una canción de la Pantoja en sitio público. Eran normas injustas propias de un ser al que le falta un tornillo, a la Morgana se le había subido el poder a la cabeza. Pronto se vieron envueltos en una batalla por el poder que duró algunas semanas, hubo varias bajas: una oreja de pan de Superempanado, una coleta del Coletitas Filadelfo y la poca salud mental que les quedaba a algunos. La pugna por el poder parecía que iba a durar toda la eternidad, se habían hecho dos bandos de fuerza similar, la partida estaba empatada.
Y con esta situación insostenible entró el General Joventino que por fin pudo poner en práctica todas sus habilidades estratégicas, utilizó una táctica llamada guerra de la pulga que consistía en atacar de manera rápida y bien dirigida durante la noche el enclave de Morgana, como se suele decir les pillaron en bragas y no tuvieron nada que hacer. Morgana fue condenada a sonreir el resto de su vida bajo pena de 5 sardinetas cada vez que no lo hiciera, un castigo muy duro pero merecido por haber dejado sin libertad al resto de superfrikis con sus órdenes. Aquella peleilla definitiva será recordada por siempre en la Isla, se le llamó la Guerra de la Pulga por la estrategia utilizada por Joventino que pasó a convertirse en un héroe y encargado de la defensa de la Isla de la Mierda.
Joventino oculto tran unas hojas
Ahora solo quedaba decidir otra forma de gobierno y tras profundas deliberaciones decidieron adoptar una serie de normas que cada uno debía cumplir: había que cagar y pajearse debajo de los árboles para que no faltara comida; y cada uno tenía que hacer lo que le diera la gana sin molestar a ninguno de los habitantes de la isla, si así fuera debía dejar de hacerlo y pedir perdón al afectado. Con estas dos sencillas normas están ahora viviendo felices y cada uno puede desarrollar su propia personalidad e individualidad sin presiones de una sociedad basada en normas y leyes imbéciles.









En su lugar entra un nuevo superhéroe friki en la cabecera, en este caso es un trabajador que llevaba currando toda la vida en una oficina de correos. Un buen día pisó un bolígrafo que se le había caído a su compañera con tan mala suerte que perdió el equilibrio y acabó con la cabeza dentro de una cesta con sellos. Desde aquel día adquirió una serie de poderes y fue conocido como Supersello.