Chimi y Chomo iban correteando en busca de manzanas, era un día espléndido, la luz del sol se adentraba entre los huecos que dejaban las hojas de los árboles creando una atmósfera mágica en el suelo del bosque.- Seguro que encuentro la mejor manzana para la Fiesta de la Manzana - le dijo Chimi a Chomo.
- Creo que este año va a estar difícil encontrar buenas manzanas, me han contado que hay una plaga de gusanos - le contestó Chomo.
- Seguro que no tenemos problemas en encontrar buenas manzanas, no te preocupes - añadió Chimi soltando una estruendosa carcajada.
Chimi y Chomo eran dos buenos amigos aunque bastante diferentes. Chimi era un ratoncito de color blanco, con un pelo brillante y hermoso que cuidaba constantemente, de hecho era extraño no verle acicalándose a base de precisos lametones. Sin duda era uno de los ratones de la zona que más hijos podría tener puesto que casi todas las ratoncitas del lugar estaban loquitas por él. En cambio Chomo era lo opuesto a su amigo, su pelo grisacio y apagado no tenía demasiada buena pinta, además sus enormes orejas eran un buen objetivo para los insultos de sus vecinos. Pero a él le daba igual, ya estaba acostumbrado a ello y gracias a sus enormes orejas le entraban facilmente los insultos por una y le salían por la otra a gran velocidad.
Seguro que este año lograban ganar el concurso puesto que Chimi hacía unos meses había encontrado una zona de manzanos que seguro nadie conocía, además recuerda que se veían muy apetecibles las manzanas colgando del árbol. Pero mientras iban hacia el lugar que Chimi había hallado Chomo vio una manzana:
- Espera Chimi, he visto una manzana - le dijo Chomo a su amigo.
- Pero si donde vamos tendrás un montón - le señaló Chimi.
- Ya, pero recuerdo que cuando era pequeño estos árboles daban las manzanas más dulces que he comido.
Y acercándose a la manzana contempló que no tenía muy buen aspecto, aún así Chomo no se dejó llevar por las apariencias y entregándose a la intuinción le dijo a Chimi que aquella iba a ser la manzana que presentara al concurso.
- ¿Pero cómo vas a presentar eso? Si tiene la piel con manchas y nada tersa.
- Pues no lo sé, pero me ha parecido hermosa, aún con sus defectos.
- Tú mismo - concluyó Chimi pensando que su amigo era más raro que un perro verde.
Chomo escondió la manzana tapándola con hojas que había alrededor para acompañar a su amigo al lugar que decía. Y así llegaron a los 10 minutos, encontraron algunas manzanas, no demasiadas y las que había estaban ya podridas, todas menos dos, eran manzanas rojas de un aspecto muy saludable, la piel era tersa, dura, brillante y muy apetecible. Eran el tipo de manzanan que Chimi había tenido en mente desde un principio así que en cuanto las vio dijo:
- ¡Una de esta será la manzana ganadora en el concurso!, yo voy a coger esta, coge tú la otra - le dijo dirigiéndose a Chomo.
- No sé Chimi, la verdad es que tiene muy buena pinta pero a mi me gustó la que vi antes, creo que me voy a quedar con la que tengo escondida - señaló Chomo.
- Jjajajaj, pero ¿cómo piensas ganar con aquella manzana?, cada día estás peor de la cabeza - dijo Chomo sintiendo un poco de lástima por su amigo, sin duda las neuronas estaban abandonando su cerebro por sus orejotas, sonriendo tras este pensamiento.
- Pues a lo mejor estoy mal de la cabezota pero la manzana que vi será la que presente al concurso - dijo Chomo muy serio medio enfurruñado.
El día siguiente se presentaron en el punto de todos los años los participantes en el concurso de la Gran Fiesta de la Manzana. Como había pronosticado Chomo, había sido complicado encontrar manzanas puesto que el número de concursantes era bastante inferior al de otros años; y al darse cuenta de ello Chimi se puso la mar de contento porque sin duda no tendría rival con su hermosa fruta. Los jueces tomaron nota una a una de cada una de las manzanas, el primer criterio valorable era el aspecto exterior y cómo no, la manzana de Chimi obtuvo la máxima nota, un 10; en el otro extremo se encontraba la de Chomo, con un 1 parecía que las posibilidades de victoria se esfumaban.
- Jjajajaj, mira que te dije que cogieras la manzana que te ofrecí, ahora tendrías posibilidades de ganar - le dijo Chimi a Chomo.
- Tal vez tengas razón pero aún queda la valoración del sabor de la manzana - respondió Chomo, aunque sabía que sus posibilidades de victoria eran casi nulas.
- Eres la monda Chomo, si algo bueno tienes es el optimismo, pero me parece a mi que esta vez la victoria no se me escapa.
Y así fue como los jueces comenzaron a abrir una a una las manzanas, el orden comenzaría por la fruta que menos nota sacó en la prueba del aspecto y esa era la del bueno de Chomo. Se abrió la manzana por la mitad y se cortó en 8 pedazos, uno para cada juez, al primer mordisco les cambió la cara, la manzana que por fuera parecía un poco pachucha por dentro tenía una pulpa firme, muy dulce y tremendamente jugosa, quizás la mejor manzana que nunca habían probado. La nota no podía ser menos que un 10. Todos los demás participantes se quedaron alucinados, no podían creer que aquella manzana guardara en su interior algo tan delicioso. Aún así no peligraban sus posibilidades de victoria porque el 1 que Chomo había recibido en el primer criterio de valoración le eliminaban de entre los favoritos.A continuación se abrieron el resto de las manzanas y ante el asombro de los vecinos y participantes cada fruta contenía varios gusanos blancos, era algo kafki
ano, en un momento hubo presentes más gusanos que ratoncitos. Ya sólo quedaba la manzana de Chimi por abrir y como había ocurrido con el resto, en el interior había toda una familia de gusanos poniéndose morados de comida. En ese preciso momento se hizo el silencio, aquella había sido la peor Fiesta de la Manzana que jamás se había celebrado, la peor para todos excepto para un ratoncito, Chomo, que sin duda era el más feliz del mundo. Todos obtuvieron un cero patatero en la segunda calificación, así pues el ganador era Chomo; fue agasajado con medio queso de Cabrales y un dedal de sidra que le supieron a gloria, pero lo mejor fue el respeto que se ganó de todos y cada uno de los ratoncitos allí presentes que reconocieron su merecida victoria.













En realidad él dice que lo tiene tuneado a hostias, además como se le cae la batería le ha puesto una especie de cinturón, también es curioso como ha logrado unirle una cuerda para transportarlo más cómodamente.


Creo que me estaba mirando mal







