
Desde hace bastante tiempo parece que estoy en un estado de letargo permanente, en una especie de empanamiento mental pero es solo una forma de ahorro de energía que utilizo en momentos de especial transcendencia. Y qué mejor manera que malgastar esas energía para ponerme en modo radar en el metro, así podéis disfrutar de la esencia del ser humano, mostrada sin disfraces en el transporte público.
Por ejemplo, estás en el andén esperando a que llegue el tren y te conectas. [Chasky modo on]. Cual radar giro la cabeza de un lado al otro oteando cualquier cosa llamativa digna de ser mencionada en este cutreblog. Mira unos zanguangos bailongos haciendo chorraditas con los pies y las manos, anda un tío con el móvil a toda leche escuchando ritmos latinos de esos que tanto me gustan, un borrachín con su lata de medio litro de cerveza marca Nisu. En todos estos personajes parece más o menos lógico centrar tu atención pero, y no es por presumir, tengo un don especial para ir aún más allá, donde nadie consigue llegar, ello es debido a que ahorro energía durante todo el día para utilizarla en estos momentos.
¿Quién coño se fijaría en una mujer común con su hijo de 4 añitos sin nada llamativo? Pues yo. Aparentemente no son carne de post pero mi sexto sentido chaskyático me dice que esa tía y su retoño me van a dar un post memorable. Aún quedan 4 minutos para que llegue el metro. Me coloco cerca de ellos pero a una distancia suficiente para no despertar sospechas de que les estoy observando. A los pocos segundos comienza la acción.
- Mamá, tengo pis - le dice el chavalico a la madre mientras se aprieta la pichurrilla.
- ¿Pero te meas mucho? - le pregunta la tía.
- Sí - responde agarrándosela más fuerte con ambas manos.
¿Qué creéis que hizo la mujer ante una situación como esta? Lo lógico hubiera sido pensar que le diría al niño que aguantara un poco, que en seguida llegarían a casa, pero en el metro no existe la lógica, es lo más parecido a la ley de la selva. Así que la señora, ni corta ni perezosa, le bajó los pantalones y los gallumbos, le alzó en vilo y le puso a mear en una papelera. Terminó el niño de mear, llegó el metro, se montaron y allí no había pasado nada..., excepto para los pobres limpiadores que al vaciar la papelera se encontrarán aquella sorpresa en forma de líquido dorado.